«Deus Caritas est», un fuerte impulso para la misión y los laicos

Entrevista con Isabel-Mª Fornari-Carbonell, presidenta de la Familia Misionera Verbum-Dei

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VALENCIA, lunes, 6 febrero 2006 (ZENIT.org).- La primera encíclica del Papa Benedicto XVI tiene «una gran fuerza misionera» y sirve como «base de diálogo con personas de ambientes y credos muy diversos», afirma la presidenta de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, la Dra. Isabel-Mª Fornari-Carbonell.



En esta entrevista concedida a Zenit, la presidenta de una Institución que cuenta con misioneros y misioneras, sacerdotes, mujeres célibes, matrimonios misioneros y un elevado número de cooperadores por los cinco continentes, expone los motivos por los que considera esta encíclica como un extraordinario cursillo de fe, un comprimido de 42 lecciones sobre la esencia del cristianismo.

Isabel Mª Fornari es además profesora de Nuevo Testamento, ha estudiado Sagrada Escritura en Alemania (Bonn y Francfort) y obtenido el doctorado en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

--¿Cuáles son las líneas fundamentales de «Deus Caritas est»?

--Isabel Mª Fornari-Carbonell: «El amor es, a pesar de la diversidad de sus manifestaciones, ... uno solo». Esta expresión invita a tomar la primera encíclica de Benedicto XVI como un instrumento de diálogo con personas, ambientes y credos totalmente diversos.

Desde ahí, se renueva en la Iglesia la conciencia misionera. Si tocamos el nervio de la orientación propia y profunda de cada persona hacia el amor, y si a la vez somos testigos de este amor, experimentaremos que el mensaje cristiano llega a perforar, a cambiar y a mover el corazón de nuestros contemporáneos en la era postmoderna y globalizante en la que vivimos.

Después de mi primera lectura de la encíclica sentí inmediatamente su gran fuerza misionera y no paro de recomendar que se vaya profundizando su lectura y estudio en todo el Movimiento Misionero Verbum Dei y que sea transmitida en el verdadero sentido en que ha sido escrita.

--¿Qué quiere decir usted concretamente al hablar de «una gran fuerza misionera»?

--Isabel-Mª Fornari-Carbonell: Voy percibiendo el mensaje de «Deus Caritas est» como una clave muy acertada para encauzar la pastoral de la nueva evangelización. Cada sección del documento me parece una unidad didáctica excelente para ser aprendida; una lección sobre la vida y el amor. Nos encontramos ante un texto de gran envergadura y al mismo tiempo sencillo e inteligible; es una antropología del amor, una irrupción en el corazón del cristianismo. En sus 42 números, el documento nos conduce, de forma mistagógica, hacía la penetración del misterio de Dios, presentándonos un camino de «purificación y de maduración que incluye también la renuncia». Lo maravilloso del escrito es que va marcando un camino ascendente hacia el amor, que es el mismo para todas las personas, para todos los cristianos por igual, para hombres y mujeres de toda lengua, raza y nación: para sacerdotes, religiosos, matrimonios y sus familias, sugiriendo a todos lo mismo.

--Benedicto XVI caracteriza al hombre «como amado de Dios» y habla de su unión con Dios – ¿No le parece atrevido prometer tales experiencias a todos los seres humanos ?

--Isabel-Mª Fornari-Carbonell: No me parece atrevido en absoluto. Es más, me reconozco totalmente en esta experiencia, que considero implícita en toda búsqueda del Dios-Amor. Desgraciadamente, por un tiempo bastante largo, se mantuvo una pastoral de tono y alcance más moralizante, dejando en la penumbra lo esencial, que es «el encuentro con un acontecimiento, con una persona». Considero que ésta es la clave que, con gran acierto y desde el principio, presenta la nueva Encíclica: Amor y Amado.

Cuando en el año 2000 recibimos la Aprobación Pontificia de la Fraternidad Misionera Verbum Dei, integrada por misioneros y misioneras célibes, y matrimonios misioneros, se reconoció el carisma de la dedicación «a la Oración y al Ministerio de la Palabra» (Hch 6,4). Dicho carisma conlleva implícitamente identificarse como «amado de Dios», y unido a El, como está expresado en esta Encíclica. Los matrimonios pueden, así, también consagrarse al Señor. La Eucaristía, a todos nos «adentra en el acto oblativo de Jesús… Nos implicamos en la dinámica de su entrega», como dice el Papa Benedicto XVI en la sección 13. Tales declaraciones son un fuerte estímulo para todos los cristianos y particularmente para todos aquellos que quieran seguir a Cristo más de cerca.

--¿El momento culminante de esta fusión acontece propiamente en la celebración eucarística?

--Isabel-Mª Fornari-Carbonell: Sí, porque en lla se nos hace patente que el amor a Dios y al prójimo van indisolublemente unidos. En la Eucaristía nos «implicamos en la dinámica de su entrega» y desde allí se nos regala una experiencia mística que se ofrece a cualquiera, a todos. «La \'mística\' del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios hacia nosotros, tiene otra dimensión de gran alcance y que lleva mucho más alto de lo que cualquier elevación mística del hombre podría alcanzar» (DCE 13). «La mística del sacramento tiene un carácter social» (DCE 14). Esta frase es realmente revolucionaria porque lo que más convence es una espiritualidad aterrizada, humanizante, fundamento de una sociología de fraternidad, en la que «el amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser mandado porque antes es dado» (DCE 14). Tal espiritualidad eucarística podría dar un vuelco a la antropología y sociología del tercer milenio, renovando desde dentro las familias.

--¿Cree que las familias pueden recibir de esta Encíclica un nuevo impulso espiritual?

--Isabel-Mª Fornari-Carbonell: Ya cuando el Papa Juan Pablo II publicó la Encíclica «Familaris Consortio», definió a las familias como Iglesia doméstica y puso el acento en la conformación de los cónyuges con Cristo. Ahora, Benedicto XVI, con «Deus Caritas est» nos ha hecho otro gran regalo. Justamente porque el Papa ha enfatizado tanto la necesidad de «recibir» el amor, este mensaje puede ser verdaderamente curativo. De nuevo los cónyuges pueden llegar a ser «fuente» el uno para el otro y pueden entregarse a sus hijos y seres queridos, si aprenden «primero» a acoger y asimilar este amor abundantemente. Se dibuja un nuevo horizonte para el futuro de las parejas, a menudo desorientadas y frágiles. Esto es un aliento para el camino de preparación del V Encuentro Mundial de las Familias, el próximo mes de julio 2006, aquí en Valencia.

Evidentemente la encíclica responde a una necesidad urgente y es una contribución necesaria para una espiritualidad integral e integrante de nuestras familias cristianas, aclarando que «Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí». Si nuestras familias intentasen de nuevo una y otra vez tomarse un tiempo para la oración personal dando cabida a la amistad con Dios, llegarían a ser verdaderos testigos del amor. «Quien va hacia Dios no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos», explica en la sección 42. Tenemos aquí unas líneas de valor incalculable, los verdaderos pilares de una vida cristiana y misionera.