Diagnóstico y Perspectivas para la Nueva Evangelización en América Latina

El cardenal Cipriani inauguró Congreso-Seminario en Lima

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LIMA, miércoles, 7 marzo 2007 (ZENIT.org).- El 5 de marzo, el cardenal Juan Luis Cipriani Thorne inauguró el Congreso-Seminario «Diagnóstico y Perspectivas para la Nueva Evangelización en América Latina», que se realiza en el Auditorio de la Casa de Retiro de los Padres Pasionistas, en el distrito de La Molina de Lima, Perú.



En este evento, que concluirá el 8 de marzo, participan cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes y laicos intelectuales y dirigentes de actividades pastorales y sociales de América Latina en vista a la preparación de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, a realizarse en Brasil del 13 al 31 de mayo del presente año, y que será inaugurada por el Papa Benedicto XVI.

En sus palabras inaugurales, el arzobispo de Lima y primado del Perú, cardenal Juan Luis Cipriani manifestó que América Latina tiene ante sí importantes desafíos, incluso situaciones difíciles, ante el asedio de ideologías, de erradas concepciones teológicas, insuficiencia de sacerdotes y religiosos que puedan atender debidamente a la multitud de fieles y la presencia agresiva de las sectas.

Indicó que el relativismo y el utilitarismo ya han llegado a estas tierras, aunque no con la agresividad que se ve en Europa y los países desarrollados económicamente.

«Ideologías que excluyen cualquier principio moral que sea válido y vinculante por sí mismo. Una verdadera campaña que promueve un constante ataque contra la vida, desde su concepción hasta su muerte natural; contra la institución del matrimonio de un hombre con una mujer para toda la vida; contra la familia como célula fundamental de la sociedad; contra la mujer en nombre de un feminismo ideológico. Situaciones sumamente dañinas que desconocen la ley natural», añadió el Arzobispo de Lima.

Señaló que pese a esta realidad, América Latina presenta un panorama esperanzador al contemplar su honda tradición cristiana arraigada en sus costumbres y expresiones de piedad popular tan extendidas en todos los países. La identidad católica de nuestros pueblos es una realidad que reclama nuestra responsabilidad ahora.

Agregó que la presencia de la Iglesia en la educación es un hecho positivo, aunque ciertamente se ha debilitado su propuesta notablemente cediendo a la presión de una falsa apertura relativista. «La credibilidad de la Iglesia en su función de maestra de la fe y su acompañamiento a nuestros pueblos todavía genera confianza, especialmente entre los más necesitados».

El arzobispo de Lima dijo estar convencido de que uno de los grandes desafíos de la Iglesia en América Latina tiene mucha relación con la identidad católica de la propuesta para mejorar notablemente la formación y educación de las personas en todos los niveles.

Afirmó que en esta importante tarea es preciso proclamar íntegro el Mensaje de Salvación, que llegue a impregnar las raíces de la cultura y se encarne en el momento histórico latinoamericano actual. «Dejemos atrás complejos de inferioridad frente a las ideologías relativistas, materialistas y los respetos humanos por querer estar «de moda».

«La crisis planetaria, de la que no se escapa Latinoamérica, tiene mucho que ver con la orientación de los contenidos de los medios de comunicación, no sólo la prensa escrita y hablada sino, especialmente, con las modernas técnicas que se difunden a través del Internet, la TV y cada vez más el celular de usos múltiples».

También subrayó que esta situación es un desafío urgente que reclama principalmente la participación de todos los fieles laicos debidamente preparados; que con el testimonio y coherencia de vida la gran misión tendrá resultados transcendentes para América Latina.

El cardenal afirmó que la jerarquía de la Iglesia tiene, de manera especial, la obligación de dar a conocer la Doctrina social de su riquísimo Magisterio. Sin embargo no es su papel actuar, o dar la impresión de que actúa, como un agente político. Son los laicos los llamados a dedicarse con generosidad y valentía.

Concluyó el Cardenal Cipriani señalando que «la señal inequívoca de esta Nueva Evangelización es la profunda piedad mariana, y que el arma principal sigue siendo el rezo del Santo Rosario».