«Dios es amor»: El valor añadido del compromiso católico por transformar la sociedad

Conferencia de monseñor Cordes, presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum» en Aparecida

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APARECIDA, martes, 15 mayo 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha apremiado a los católicos a luchar contra la miseria en el mundo, y en particular en Latinoamérica, pero pide que lo hagan como católicos, es decir, dando testimonio del amor de Dios por los más necesitados, explicó el arzobispo Paul Josef Cordes a los participantes en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.



Este es el valor añadido que pueden ofrecer los católicos latinoamericanos y en particular sus pastores, constató este sábado el presidente del Consejo Pontificio «Cor Unum», institución de la Santa Sede que promueve y coordina la acción de las instituciones de ayuda católica del mundo.

El arzobispo Cordes dictó el sábado 12 de mayo, en la víspera de la inauguración de la cumbre eclesial de Aparecia, una conferencia, por sugerencia del mismo Papa, a quien acompañó en su viaje a Brasil, en la que presentó algunos de los aspectos fundamentales de «Deus caritas est», la primera encíclica de este pontificado.

«El Papa Benedicto XVI apremia a los miembros de la Iglesia tanto a comprometerse por la lucha contra la miseria en el mundo, como a formular objetivos eficaces y a desear su realización», constató el prelado alemán.

Ahora bien, aclaró, para ayudar «se impone un cambio de paradigmas: frente a un mundo transformado tiene que añadirse a estos programas y proyectos una segunda dimensión: las personas, que en el nombre de la Iglesia dan el testimonio del amor de Dios, tienen que ser formadas e impregnadas por la fe».

«En la orientación a la fe de los voluntarios cristianos se decide lo específico en la lucha contra la miseria, aquello que sólo la Iglesia puede ofrecer a la humanidad», constató.

Por este motivo, el prelado subrayó la responsabilidad de los obispos para que los voluntarios católicos y las mismas agencias de ayuda católicas no se dejen impregnar por la secularización ambiental, que elimina la visión de fe en el compromiso social o de ayuda.

«Pero, ¿cómo se va a poder combatir la secularización global sin pastores valientes?», les preguntó a los participantes en la Conferencia General.