Dios estaba junto a las víctimas del «tsunami», afirma el cardenal Sodano

En la misa de sufragio por los fallecidos en el terremoto del sudeste asiático

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 24 enero 2005 (ZENIT.org).- ¿Dónde estaba Dios durante el «tsunami»? A esta pregunta respondió el cardenal Angelo Sodano, este lunes, un mes después de esa tragedia, durante la misa de sufragio por las víctimas del maremoto del sudeste asiático.



Según el secretario de Estado, «¡Dios siempre está a nuestro lado! Se hizo hombre para compartir nuestra existencia, en los momentos alegres y tristes de la vida».

El purpurado presidió en la tarde una solemne celebración eucarística por las víctimas de la catástrofe del 26 de diciembre, que según un balance publicado este domingo por la agencia Reuters ha acabado con la vida de 234.000 personas en la región del Océano Índico.

«Una vez más, el hombre ha experimentado su pequeñez ante la complejidad del planeta en el que vivimos», reconoció el purpurado italiano en la homilía de la celebración eucarística celebrada en la basílica de San Pedro del Vaticano.

«De este modo, ha surgido espontáneamente en nosotros el empuje interior a mirar al cielo, buscando respuestas a tantos interrogantes que vienen en estos momentos de confusión», añadía.

«Alguno se ha preguntado incluso cómo es posible que el hombre, que ha sido capaz de ir a la luna, que ha podido enviar una sonda a Titán, a más de mil millones de la tierra, sea tan impotente ante estos desastres», añadió.

«Muchos se han preguntado, además, si la fe cristiana tiene una respuesta clarificadora ante el enigma del dolor», insistió.

La respuesta de la mano derecha del Papa en la guía de la Santa Sede a estos interrogantes fue la siguiente: «Sí, ¡Dios ama siempre a los hombres y está siempre a su lado con amor de Padre!».

«En este sentido --indicó-- es expresiva la respuesta que un conocido escritor ponía en labios de Cristo, a la pregunta que le había planteado un pobre caminante caído en el fango: "¿Dónde estás, Dios mío?", gritaba el peregrino al hundirse en el lodo. Pero inmediatamente escuchó una voz misteriosa que le respondía desde lo alto: "¡Yo estoy contigo en el fango!"».

«Esta es la lección de la fe: Dios acompaña al hombre en todo instante de su vida», concluyó, informando en detalle sobre el compromiso de Juan Pablo II para responder a las necesidades de los damnificados de esos países que él mismo ha visitado en su pontificado.

El viario de Cristo, dijo, sigue invitando a todos «a la solidaridad a favor de estos hermanos y hermanas nuestros, recordándonos las conocidas palabras de un santo [san Juan de la Cruz]: al atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor».