"Dios no ha encontrado en la tierra pecador más vil que yo"

En su libro recientemente publicado, "Enamorado de Cristo", el padre Raniero Cantalamessa cuenta al verdadero san Francisco

Roma, (Zenit.org) Luca Marcolivio | 4332 hits

¿Quién era realmente san Francisco de Asís? ¿En qué medida el patrón de Italia ha cambiado la historia de la Iglesia? ¿Ha sido realmente un revolucionario o más bien un defensor de la radicalidad evangélica? ¿Por qué es una figura aún tan actual? ¿Por qué Jorge Mario Bergoglio ha tomado su nombre en el momento de la elección como Romano Pontífice?

A estas y otras preguntas ha respondido el padre Raniero Cantalamessa, en su último libro Enamorado de Dios. El secreto de san Francisco, editado por Zenit Books. Hablando con ZENIT, el predicador de la Casa Pontificia ha anticipado en exclusiva los contenidos de su ensayo, que se anuncia como una de las obras más profundas sobre uno de los santos más amados del mundo.

Padre Raniero, ¿en  qué consiste el "secreto" de san Francisco?
-- P. Raniero: el secreto de Francisco de Asís no es una idea, sino una persona con un nombre concreto: "Jesucristo crucificado". En otras palabras, su secreto es un amor loco por Cristo. Añadir otras explicaciones corre el riesgo de diluir la fuerza de este núcleo incandescente de su personalidad.

Francisco no era ni un intelectual ni un sanador. ¿De dónde nace su carisma y su popularidad?
-- P. Raniero: Sí, es sorprendente. Su joven seguidor, Antonio de Padua, supera por milagros y sanaciones y, a un cierto nivel, también por popularidad, al propio fundador. La popularidad de Francisco tiene dos motivaciones más complejas. Son toda su persona y su actuar que hacen de él una de las realizaciones humanas más destacadas y fascinantes, dicho por psicólogos. A la pregunta de su compañero fray Maseo: "¿Por qué todo el mundo corre detrás de ti?", Francisco un día respondió: "Porque Dios no ha encontrado en la tierra un pecador más vil que yo". ¡Era sincero, pero no decía la verdad! En realidad, todo el mundo, con distancia de más de ocho siglos, corre todavía detrás de Francisco porque ve realizados en él esos valores en los que todos, creyentes y no creyentes, secretamente aspiran: la alegría, la paz y la fraternidad.

¿Qué le empuja a vivir el Evangelio de una forma tan radical?
-- P. Raniero: volvemos al tema del "secreto" de Francisco. Lo que le empujaba a una secuela tan radical del Evangelio era un amor radical por el autor del Evangelio. La radicalidad es la marca de los santos. Ellos van hasta el final, ni siquiera conciben que podamos parar en un objetivo intermedio. En Francisco la radicalidad tiene también una razón histórica: la constatación de cuánto fuera fácil anunciar el Evangelio con lo que él llamaba las "glosas", es decir las interpretaciones legalistas. De aquí su grito a veces violento: “Sine glossa! Sine glossa!”, es decir, sin ninguna “interpretación”.

¿De dónde nacía su capacidad de amar el sufrimiento y abrazar a los pecadores?
-- P. Raniero: En su Testamento, Francisco lo dice claramente: "El Señor mismo me condujo a ellos". Era el amor por Jesús que lo empujaba a ir hacia los miembros con más llagas de su cuerpo. Hay algunos que, del amor por los pobres han llegado al amor por Cristo (por ejemplo Simone Weil); hay otros que del amor por Jesús llegan al amor por los pobres. Francisco pertenece a estos últimos.

Hay quien ha etiquetado a Francisco como "el primer ecologista de la historia". ¿Es esta una definición anacrónica?
-- P. Raniero: De hecho Francisco ha hecho y predicado lo que hoy va bajo el nombre de ecologismo, pero el motivo de su ecologismo es diferente al de hoy. Francisco veía en la creación la obra y el reflejo de Dios. Tenía en lo relacionado con la creación una actitud doxológica, no sociológica, es decir, de contemplación y glorificación, no utilitarista. Los cielos y la tierra estaban llenos, para él como para la Biblia, de la gloria de Dios y él sentía la necesidad de cantar esta alabanza. Recuperar algo de esta actitud religiosa beneficiaría inmensamente al ecologismo moderno que de otra manera es perder uno de los incentivos más fuertes al respeto de la naturaleza. Nadie ha gozado de las criaturas -hermano sol, hermana luna, madre tierra, hermana agua- más que él que no quería poseer ninguna.

¿Cuál fue la relación entre Francisco y el Islam, en particular, en el contexto de las Cruzadas? ¿Es todavía actual ese mensaje?
-- P. Raniero: Es conocido el episodio, narrado en las Fuentes Franciscanas y atestiguado por fuentes contemporáneas (Giacomo de Vitry) de su encuentro pacífico con el sultán de Egipto durante la cruzada en la que participaba. También desde este punto de vista queda solitario en la historia. Hombre de paz, él no ha polemizado nunca con nadie, ni con los herejes ni con los sarracenos. Ha querido mostrar solo el verdadero rostro del Evangelio y de Cristo. El hecho que san Juan Pablo II haya elegido Asís como lugar de encuentro de las varias religiones es un reconocimiento de este rol pionero del Pobrecillo.

¿Por qué motivo papa Bergoglio ha elegido el nombre del Santo de Asís?
-- P. Raniero: Conocemos la explicación que ha dado él mismo. En el momento de su elección un cardenal amigo suyo, el brasileño Claudio Hummes, le susurró al oído: "no te olvides de los pobres", y él, dice que pensó en seguida en Francisco de Asís. Yo estoy convencido que ese nombre se lo ha dado Alguien más arriba todavía que el cardenal. En cualquier caso, es verdad que esto no podía caer sobre hombros más dignos que los suyos para llevarlo. Los hechos lo están demostrando.

¿Qué afinidad hay entre la pobreza predicada por el papa Francisco y la del patrón de Italia?
-- P. Raniero: Distinta es la forma de pobreza en los dos casos (como es inevitable, viviendo en contextos y épocas diferentes). Idéntico sin embargo el espíritu de pobreza que se expresa en sencillez y sobriedad de vida personal y en amor por los pobres. Yo creo que Francisco de Asís en el cielo está muy feliz de ser tan bien representado en la tierra, y precisamente por aquel a quien, en vida, se dirigía con infinito respeto y devoción, llamándole "el señor papa".