Dios reina humillándose, asegura el Papa

Al comentar el Salmo 95 en la audiencia general

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CIUDAD DEL VATICANO, 18 septiembre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II constató en la mañana de este miércoles una de las paradojas más incomprensibles del cristianismo: Dios reina humillándose.



En la Cruz de Cristo se puede comprender que su trono es «de amor, no de dominio», afirmó en su intervención durante la audiencia general, celebrada en la Sala Pablo VI del Vaticano. De este modo, aseguró, podemos pasar del «miedo ante la trascendente justicia de Dios a la experiencia viva de su amor».

Continuando con la serie de meditaciones sobre los cánticos de la Biblia, que viene ofreciendo desde el año pasado, el Santo Padre meditó en esta ocasión sobre el Salmo 95, en el que se presenta a Dios como rey del universo, y concluyó ofreciendo una visión cristiana del mismo.

Este salmo, aclaró el obispo de Roma ante más de 7 mil peregrinos, nos da «la certeza de que no estamos abandonados a las oscuras fuerzas del caos o de la casualidad, sino que quedamos siempre en manos de un Soberano justo y misericordioso».

El cántico, sumamente evocado en la liturgia, impresiona a Juan Pablo II porque fue escrito en tiempos en que Israel era un pueblo pequeño, apretujado entre grandes imperios vecinos.

Y, sin embargo, constató, interpela insistentemente a todos los seres humanos: «Cantad al Señor, toda la tierra». «Invita a los fieles a contar la gloria de Dios "a los pueblos" y después a dirigirse a "todas las naciones" para proclamar "sus maravillas"», aclaró el Papa.

Los israelitas comprendieron que «grande es el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues los dioses de los gentiles son apariencia, mientras que el Señor ha hecho el cielo», recordó.

«A través de la liturgia y la oración --explicó el líder de la Iglesia católica--, se purifica la fe de toda degeneración, se abandonan aquellos ídolos a los que sacrificamos con facilidad algo de nosotros mismos durante la vida cotidiana, se pasa del miedo ante la trascendente justicia de Dios a la experiencia viva de su amor».

Al concluir ofreciendo una visión cristiana de este Salmo, el Papa evocó sugerentes interpretaciones ofrecidas en los primeros siglos del cristianismo por los Padres de la Iglesia. En el año 379, por ejemplo, Gregorio Nacianceno explicaba que la realeza de Dios se manifestó en la encarnación de Jesús.

Por eso, dijo el Papa explicitando el pensamiento del santo, Dios reina «precisamente en la humillación de la Cruz».

Mártires, como san Justino (asesinado en el año 165), recalcó, invitaron «a todos los pueblos a exultar porque "el Señor reinó desde el madero" de la Cruz».

El sucesor de Pedro lanzó, por este motivo, la misma exhortación de Jesús: «quien quiera ser grande entre vosotros debe ser siervo de todos», como Cristo que «no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Marcos 10, 43-45).