Discurso del Papa a las comunidades de Castel Gandolfo

El agradecimiento del Papa: responder con renovada generosidad a la llamada de Dios

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CASTEL GANDOLFO, jueves 29 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso de despedida que Benedicto XVI dirigió a las delegaciones del ayuntamiento de Castel Gandolfo, las autoridades civiles y militares, las comunidades religiosas y los miembros de los servicios que atienden su residencia estival, al recibirles este jueves en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.

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Queridos hermanos y hermanas,

está concluyendo este año el periodo estival que habitualmente paso en esta amable y acogedora localidad muy querida para mí. Castel Gandolfo, también este verano, ha abierto sus puertas a muchos peregrinos y visitantes llegados para reunirse con el Papa y rezar con Él, especialmente el domingo para cita habitual del Ángelus y tantas veces para las audiencias generales de los miércoles. En estos meses he podido admirar, una vez más, la solicitud y la obra generosa de tantas personas comprometidas en garantizar la asistencia necesaria para mí y mis colaboradores, así como para los visitantes y peregrinos que vienen a visitarme. Por todo esto deseo expresar mi profundo reconocimiento a cada uno de vosotros, que habéis hecho posible una estancia muy tranquila.

Saludo con afecto fraterno, sobre todo, al obispo de Albano Laziale, monseñor Marcello Semerare, al que le agradezco la amabilidad con la que me trata. Saludo al párroco y a la comunidad parroquial de Castel Gandolfo, además de a las comunidades religiosas y de laicos, masculinos y femeninos, presentes en el territorio. En estos meses he sentido su cercanía espiritual y se lo agradezco de corazón, prometiendo a todos corresponder con renovada generosidad a la llamada de Dios, empleando mis propias energías al servicio del Evangelio.

Dirijo un deferente saludo al señor alcalde y a los componentes de la Administración municipal. Gracias por vuestra atención y por todo lo que habéis hecho por mí y por mis colaboradores durante estos meses. A través de vosotros, queridos administradores públicos, agradezco y saludo a todos los ciudadanos, con un recuerdo especial para las personas ancianas y enfermas, a las que aseguro con afecto mi recuerdo en la oración.

Me dirijo ahora a los dirigentes y colaboradores en los distintos servicios de la Gobernación: el Cuerpo de la Gendarmería, la Floristería, los Servicios Técnicos, los Servicios Sanitarios, así como la Guardia Suiza Pontificia. Queridos amigos, expreso mi sincera estima y gran aprecio por el trabajo que habéis desarrollado cotidianamente, garantizando la asistencia y la seguridad en todo el Palacio Apostólico y en las Villas Pontificias. Agradezco a los funcionarios y a los agentes de las diversas Fuerzas del Orden italianas, por su asidua colaboración así como a los oficiales y pilotos del 31º Ala de la Fuerza Aérea. Si todo se realiza en la tranquilidad y la serenidad, se debe sobre todo a vuestra presencia y a vuestro servicio cualificado.

Queridos hermanos y hermanas, a todos expreso el reconocimiento más sincero. Gracias de nuevo por vuestra presencia en este encuentro, en especial a los que se han hecho intérpretes de vuestros sentimientos. Os aseguro, por mi parte, que no dejaré de rezar por cada uno de vosotros y por todas vuestras intenciones y os pido que me recordéis en vuestra oración. Que el Señor, rico en bondad y en misericordia, que no deja sin ayuda a quienes confían en Él, sea siempre vuestro apoyo firme. Sobre vosotros vele, con protección maternal, la Virgen María, que en el mes de octubre invocaremos de forma especial con el rezo del Santo Rosario. Que Ella os acompañe a vosotros y a vuestras familias en todo momento. Con estos sentimientos os bendigo con afecto y también a vuestras familias y seres queridos. Gracias.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]