Discurso del Papa a una delegación de la Iglesia luterana de Finlandia

Peregrinación ecuménica anual a Roma para la fiesta de san Enrique

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 CIUDAD DEL VATICANO, martes 18 de enero de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el pasado sábado 15 de enero, al recibir en audiencia a una delegación ecuménica de la Iglesia Luterana de Finlandia con ocasión de su peregrinación anual a Roma para celebrar la Fiesta de san Enrique de Uppsala, patrón del país.


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¡Excelencias!

¡Queridos amigos de Finlandia!

Con gran alegría os doy mi bienvenida en ocasión de vuestra peregrinación ecuménica anual a Roma para celebrar la fiesta de san Enrique, el patrón de vuestra amada tierra. Cada año, en este periodo, vuestro tradicional peregrinaje atestigua las relaciones sinceras, amigables y colaboradoras que se han instaurado entre luteranos y católicos y, en general entre todos los cristianos de vuestro país.

Si bien no hemos alcanzado todavía el objetivo del movimiento ecuménico o la plena unidad de la fe, en el diálogo se han madurado muchos elementos de acuerdo y de acercamiento, que nos refuerzan en nuestro deseo general de cumplir la voluntad de nuestro Señor Jesucristo “Que todos sean uno” (Jn 17,21). Un resultado digno de atención, recientemente logrado, ha sido el informe final sobre la cuestión de la justificación en la vida de la Iglesia. Este informe ha sido redactado por el grupo de diálogo católico-luterano nórdico en Finlandia y en Suecia, cuyos miembros han realizado encuentros durante el año pasado.

En la teología y en la fe todo está unido y por tanto una mayor y profunda comprensión común nos ayudará también a comprender mejor, juntos, la naturaleza de la Iglesia y, como se ha mencionado, el ministerio episcopal, de manera que se pueda encontrar la unidad de la Iglesia de forma concreta y así ser capaces de exponer la fe a los hombres de hoy que se interrogan, y hacerla más comprensible, para que vean que Él es la respuesta, que Cristo es el Redentor de todos nosotros. Por lo tanto se mantiene viva nuestra esperanza de que, bajo la guía del Espíritu Santo, muchas diligentes y competentes personas que trabajan en el ámbito ecuménico, puedan aportar su contribución a la consecución de esta gran tarea ecuménica siempre guiados por el Espíritu Santo.

Dicho ésto, se sobreentiende que la eficacia de nuestros esfuerzos no puede venir sólo del estudio y del debate sino que depende sobre todo de nuestra oración constante, de nuestra vida conforme a la voluntad de Dios, porque el ecumenismo no es obra nuestras sino fruto de la acción de Dios.

Al mismo tiempo, somos todos conscientes del hecho de que, en los últimos años, el camino ecuménico se ha vuelto, desde algunos puntos de vista, más difícil y ciertamente más exigente. Serán planteadas cuestiones con respecto al método y los logros ecuménicos de los últimos años, además de la incertidumbre del futuro, a los problemas de nuestro tiempo con la fe en general.

Desde esta perspectiva, vuestra peregrinación anual a Roma por la festividad de san Enrique es considerada un evento importante, un signo y reforzamiento de nuestros esfuerzos ecuménicos, y de nuestra certeza de que debemos caminar juntos y de que Cristo es el camino para la humanidad. Vuestra peregrinación nos ayuda a volver la vista atrás con alegría para ver lo que se ha conseguido hasta ahora y para mirar al futuro con el deseo de asumir un empeño lleno de responsabilidad y de fe. En ocasión de vuestra visita deseamos todos fortificar nuestra creencia de que el Espíritu Santo, que nos despierta, nos acompaña y ha hecho fructífero el movimiento ecuménico, continúe así también en el futuro.

Espero con firmeza que vuestra visita a Roma fortalezca la futura colaboración entre luteranos y católicos, entre todos los cristianos de Finlandia. En vista de la inminente semana de oración por la unidad de los cristianos, queremos rezar para que el espíritu de la verdad nos conduzca a un amor y a una fraternidad más grandes todavía. Dios os dé sus abundantes bendiciones en este nuevo año apenas comenzado.

[Traducción de la versión italiana publicada en l'Osservatore Romano, por Carmen Álvarez

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