Discurso del Papa al embajador de los Países Bajos ante la Santa Sede

Benedicto XVI, "alentado" por los avances para "evitar el abuso de drogas y prostigución" en Holanda

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 21 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- A continuación les ofrecemos el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió este viernes al nuevo embajador de los Países Bajos ante la Santa Sede, Joseph Weterings,al aceptar sus Cartas Credenciales.

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Su Excelencia,

Le doy la bienvenida al Vaticano y acepto sus Cartas Credenciales con las que se le designa Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de los Países Bajos en la Santa Sede. Quiero, en primer lugar, expresarle mi gratitud por transmitirme los cordiales saludos de Su Majestad la Reina Beatriz, y quiero pedirle amablemente que le dirija, de mi parte, mis buenos deseos, así como mi aprecio por las cordiales relaciones existentes entre la Santa Sede y su país.

Las relaciones bilaterales entre una nación-Estado y la Santa Sede tienen, claramente, un carácter diferente a las que se establecen entre las naciones y los Estados. La Santa Sede no es un poder económico o militar. Como usted mismo ha indicado, su voz moral ejerce una considerable influencia en todo el mundo. Entre las razones por las que se da esto, está precisamente el hecho de que la posición moral de la Santa Sede no se ve afectada por los intereses políticos o económicos de una nación-Estado o las preocupaciones electorales de un partido político. Su contribución a la diplomacia internacional consiste en articular ampliamente los principios éticos que deben apuntalar el orden social y político, y llamar la atención sobre la necesidad de actuar para remediar las violaciones de tales principios. Evidentemente lo hace desde la perspectiva de la fe cristiana, pero como observé en mi reciente discurso al Parlamento Alemán, el Cristianismo ha señalado siempre la razón y la naturaleza de las fuentes de las leyes sobre las que debe construirse un Estado de derecho (Discurso al Bundestag, 22 de septiembre de 2011). Por lo tanto el diálogo diplomático al que la Santa Sede se compromete no se lleva a cabo por razones confesionales o pragmáticas sino en la base de los principios universalmente aplicables que son tan reales como los elementos físicos del entorno natural.

Al actuar como voz de los que no la tienen y defendiendo los derechos de los débiles, incluyendo los pobres, los enfermos, los no nacidos, los ancianos y los miembros de grupos minoritarios que sufren injusta discriminación, la Iglesia pretende promover siempre la justicia natural así como su derecho y deber de hacerlo. Mientras reconoce con humildad que sus propios miembros no siempre viven en los altos niveles que ella plantea, la Iglesia no puede hacer otra cosa que continuar instando a todo el mundo, sus propios miembros inclusive, a buscar qué se puede hacer de acuerdo con la justicia y la recta razón y oponiéndose a lo que le es contrario.

Sobre esta base, no tengo dudas de que la Santa Sede y el Reino de los Países Bajos tienen muchas áreas de preocupación común. Señor Embajador, usted ha hablado de la necesidad de promover la paz global a través de la resolución de conflictos y a través de la oposición a la proliferación de armas de destrucción masiva. Usted ha subrayado la necesidad de fomentar el desarrollo y de promover la autosuficiencia de los países emergentes. Usted ha mencionado la respuesta humanitaria generosa del pueblo holandés cuando se necesita la ayuda humanitaria en todo el mundo. Y usted ha hablado de la necesidad de defender la dignidad humana. Estas y muchas otras áreas de política internacional continuarán proveyendo oportunidades de intercambios fructíferos entre su país y la Santa Sede.

Me siento alentado también por sus palabras sobre la intención del Gobierno holandés de promover la libertad de religión que, como usted sabe, es un tema de particular preocupación para la Santa Sede en la actualidad. La libertad está amenazada en algunas partes del mundo por las limitaciones legales, pero también por la mentalidad anti-religiosa en el interior de algunas sociedades, incluso donde la libertad religiosa disfruta de la protección de la ley.

Por lo tanto es de esperar que su Gobierno esté vigilante de manera que la libertad de religión y de culto continúe siendo protegida y promovida, tanto en su país como en el extranjero

También me siento alentado por los pasos que el Gobierno holandés ha realizado para evitar el abuso de drogas y prostitución. Mientras que su nación ha defendido siempre la libertad de los individuos a tomar sus propias decisiones, sin embargo las decisiones que pueden hacer que se dañen a sí mismos o a otras personas deben ser desalentadas por el bien de los individuos y de la sociedad en su conjunto. El magisterio social de la Iglesia, como sabe, pone mucho énfasis en el bien común, así como en el bien integral de los individuos, y en la atención necesaria siempre para discernir si los derechos percibidos están verdaderamente de acuerdo con los principios naturales de los que hablé antes.

Con estos sentimientos, Su Excelencia, le ofrezco mis mejores deseos por el éxito de su misión, y le aseguro que los distintos departamentos de la Curia Romana estarán siempre dispuestos para proveerle ayuda y apoyo en el cumplimiento de su misión. Sobre usted, su familia y todos los habitantes de los Países Bajos, cordialmente invoco las abundantes bendiciones de Dios.

[Traducción del original inglés por Carmen Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]