Discurso del Papa sobre la colaboración entre sacerdotes y laicos y pastoral de santuarios

Pronunciado ante la asamblea de la Congregación para el Clero

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 12 enero 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que Juan Pablo II publicó este sábado al recibir en audiencia a la asamblea plenaria de la Congregación vaticana para el Clero que afrontó la relación entre laicos y sacerdotes, así como la pastoral de los santuarios.



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Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:

1. Con mucho gusto me encuentro con vosotros, al concluir la asamblea plenaria de la Congregación para el Clero. Saludo al prefecto del dicasterio, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, y le doy las gracias por haberse hecho intérprete de los sentimientos comunes de devoción y afecto. Saludo a los señores cardenales, a los venerados hermanos en el episcopado y a cuantos han participado en este encuentro, que ha afrontado dos temas de gran interés: «Los organismos consultivos secundum legem e praeter legem» y «La pastoral de los santuarios».

Quiero agradecer a cada uno de vosotros por el comprometedor trabajo desempeñado. Deseo que de estas jornadas emerjan indicaciones y orientaciones útiles para la vida de la Iglesia.

2. La constitución dogmática «Lumen gentium» presenta a la Iglesia como un pueblo que tiene a Cristo por Cabeza, como condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, como ley el precepto antiguo y siempre nuevo del amor y por finalidad el reino de Dios (Cf. n. 9). Forman parte de este pueblo quienes, en virtud del bautismo, como piedras vivas, participan «en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (1 Pedro 2, 5). De este sacerdocio, común a todos los fieles, difiere esencialmente del ministerial o jerárquico. Ambos, sin embargo, están unidos por una cercana relación y ordenados el uno al otro, pues «cada cual participa de forma peculiar del sacerdocio de Cristo» («Lumen gentium», 10). Los pastores tienen la tarea de formar, gobernar y santificar al Pueblo de Dios, mientras que los fieles laicos, junto a ellos, forman parte activa de la misión de la Iglesia, en una sinergia constante de esfuerzos, y en el respeto de las vocaciones y de los carismas específicos.

3. Esta colaboración útil por parte de los laicos se realiza también en los diferentes consejos previstos por el ordenamiento canónico a nivel diocesano y parroquial. Se trata de organismos de participación que dan la posibilidad de cooperar para el bien de la Iglesia, teniendo en cuenta el conocimiento y la competencia de cada quien (Cf. canon 212, § 3 Código de Derecho Canónico).

Hoy estas estructuras, surgidas de las indicaciones del Concilio, tienen necesidad de ser puestas al día en sus modos de acción y en los estatutos, según las normas del Código de Derecho Canónico promulgado en 1983. Es necesario salvaguardar una relación equilibrada entre el papel de los laicos y el que propiamente compete al ordinario diocesano o al párroco.

Los legítimos pastores, en el ejercicio de su oficio, no deben ser considerados nunca como simples ejecutores de decisiones que se derivan de opiniones surgidas por mayoría en la asamblea eclesial. La estructura de la Iglesia no puede ser concebida siguiendo modelos políticos simplemente humanos. Su constitución jerárquica se fundamenta en la voluntad de Cristo y, como tal, forma parte del «depósito de la fe» («depositum fidei»), que debe ser conservado y transmitido integralmente a través de los siglos.

Vuestro dicasterio, que tiene un papel importante en la aplicación de las orientaciones conciliares en esta materia, no dejará de seguir con atención la evolución de estos órganos de consulta. Estoy seguro de que las aportaciones y contribuciones surgidas en este encuentro ayudarán además a hacer que la colaboración entre laicos y pastores sea cada vez más provechosa y plenamente fiel a las directivas del Magisterio.

4. El segundo tema, que en esta asamblea plenaria habéis afrontado afecta a la pastoral de los santuarios. Estos lugares sagrados atraen a numerosos fieles en búsqueda de Dios, disponibles por tanto a un anuncio más incisivo de la Buena Noticia y abiertos a acoger la invitación a la conversión. Es importante, por tanto, que en ellos desempeñen su ministerio sacerdotes con aguda sensibilidad pastoral, animados por el celo apostólico, dotados de paterno espíritu de acogida y con experiencia en el arte de la predicación y de la catequesis.

¿Qué se puede decir del sacramento de la Penitencia? El confesor, particularmente en los santuarios, está llamado a reflejar con cada uno de sus gestos y palabras el amor misericordioso de Cristo. Se exige, por tanto, una adecuada formación doctrinal y pastoral.

En el centro de toda peregrinación se encuentran las celebraciones litúrgicas, en primer lugar, la santa misa. Deben prepararse siempre con cuidado y deben ser animadas por una profunda devoción, suscitando la participación activa de los fieles.

Vuestro dicasterio no dejará de elaborar sugerencias oportunas para ayudar a la pastoral de los santuarios a renovarse cada vez más y a responder a las exigencias de los tiempos.

5. ¡Queridos hermanos y hermanas! Con estos días de estudio y de encuentro, habéis ofrecido un servicio meritorio a la Iglesia. Os doy las gracias y os aseguro a cada uno un fraterno recuerdo en la oración. La Virgen María, Madre de la Iglesia, a la que en el tiempo de Navidad contemplamos junto al Niño en el Pesebre, os apoye y haga fecundo vuestros buenos propósitos. Os manifiesto mis mejores deseos para el año que acaba de comenzar e imparto de corazón a todos una especial bendición apostólica.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]