Discurso, en presencia del Papa, del embajador de España ante la Santa Sede

Presentación de las cartas credenciales de Francisco Vázquez Vázquez

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 21 mayo 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció el sábado, en presencia de Benedicto XVI, el nuevo embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez Vázquez, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales.



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Santo Padre,

Tengo el honor de presentar a Vuestra Santidad las Cartas Credenciales con las que S.M. el Rey Don Juan Carlos I me acredita como Embajador de España ante Su Santidad.

Hace poco más de un año, como miembro de la Delegación Oficial que acompañó a SS.MM. los Reyes, asistía en la Plaza de San Pedro a los funerales del llorado Pontífice Juan Pablo II. En aquellos emocionantes momentos no podía imaginarme que hoy regresaría nuevamente para presentarle mis respetos como Embajador de España , a su sucesor, Vuestra Santidad Benedicto XVI.

Me honra la confianza que en mí depositan S.M. el Rey y el Gobierno de España, encomendándome la misión de representar a mi amada Patria en esta Embajada, que al ser la permanente más antigua del mundo, es un fiel reflejo del vínculo constante con la Iglesia Católica del pueblo español, cuya historia, cuya cultura y cuyas costumbres no pueden entenderse sin reconocer la fe mayoritaria de sus habitantes.

En mi ánimo hoy se añade la intensa emoción que me embarga por mi condición de católico al poder realizar mi misión en la cercanía del Vicario de Cristo, a la vez que como hijo de la Iglesia se me da la oportunidad de poder servirla, intentando contribuir al mejor conocimiento y comprensión de los principios y de los valores que constituyen la esencia de sus fines y de sus tareas.

En 1990 en Toledo, en una conferencia titulada “Perspectivas y tareas del catolicismo en la actualidad y de cara al futuro”, decía Su Santidad que “la fe no es un camino cómodo …pero si la acogemos en toda su grandeza y amplitud, entonces la fe lleva en sí las respuestas que el momento actual espera”. Desde la fe, Santo Padre, pido a Dios que me ayude en mi tarea de representar a todos los españoles con lealtad al Gobierno que me nombra y a la vez poder servir de puente que transmita las opiniones y preocupaciones de la Santa Sede, contribuyendo así al acercamiento y entendimiento con las posturas de la Iglesia Católica Española.

Mi nombramiento conlleva una clara voluntad de diálogo por parte del Gobierno de España que designa como Embajador ante Su Santidad a un político, que nunca ha ocultado su condición de católico y que siempre ha intentado ser públicamente consecuente con su fe.

Cuente Su Santidad con mi total y absoluta dedicación al servicio de esa voluntad de diálogo y colaboración que mi Gobierno desea expresarle, reconociendo la ingente tarea que en su acción pastoral realiza la Iglesia Española en el campo de la solidaridad y de la igualdad, en favor sobre todo de los más débiles, los más olvidados y los más necesitados, valores y objetivos que el Gobierno de España comparte en su acción política, coincidencia que debe servir para incrementar la cooperación y el acuerdo entre la Santa Sede y España.

Con afecto y cariño los españoles aguardamos la próxima visita de Vuestra Santidad, agradecidos muy singularmente por Vuestra generosidad al ser nuestra Nación uno de los primeros países que Vuestra Santidad visitará en su Pontificado. Mi Gobierno me ha pedido que le traslade a Vuestra Santidad su total e incondicional disposición de colaborar en todo lo que contribuya al mayor éxito de Su viaje.

El pueblo español recibirá a Vuestra Santidad en momentos llenos de esperanza para lograr la Paz que nos permita terminar con décadas de dolor y sufrimiento ocasionados por el terrorismo. La Iglesia Católica, con su autoridad y su magisterio puede contribuir y ayudar mucho en este difícil y largo proceso, ante el que no caben ni reticencias ni condicionamientos, porque la Paz es un valor absoluto, como siempre han expresado los Sumos Pontífices y como señaló públicamente Vuestra Santidad en sus palabras del pasado día cinco de abril, que fueron muy bien acogidas por todos los españoles y que le agradecemos mucho y de corazón.

El Presidente del Gobierno de España me ha pedido expresamente que le transmita a Vuestra Santidad su respeto y apoyo al llamamiento permanente que Vuestra Santidad hace pidiendo el diálogo y el entendimiento entre los pueblos, las religiones y las civilizaciones, en unos tiempos como son los actuales, en los que el mutuo conocimiento y la solidaridad internacional aparecen como los únicos instrumentos capaces de lograr la pacífica convivencia entre naciones y creencias. La “Alianza de Civilizaciones” propuesta en Naciones Unidas por el Presidente del Gobierno de España, es una vía coincidente con las preocupaciones ecuménicas de la Iglesia Católica.

El pueblo español y su Gobierno escuchan siempre con gran atención la voz de Vuestra Santidad cuando expresa sus preocupaciones y temores por la evolución de una sociedad impregnada de un relativismo moral que las más de las veces concede a los valores materiales una preeminencia que inevitablemente termina conduciendo a la ausencia de una ética colectiva.

Su Santidad ha expresado siempre el valor ecuménico de la Eucaristía como Comunión con Dios y con el resto de los hombres. Nuestro mundo necesita llenarse de ese amor, necesita valores morales que fortalezcan sobre todo a los más jóvenes. Estos últimos veintitrés años he sido Alcalde de mi querida ciudad de La Coruña. La cercanía y la proximidad a las gentes, propia del trabajo de un Alcalde, me ha permitido conocer de cerca las preocupaciones reales de las personas: la soledad de los mayores, la difícil incorporación de los jóvenes a la vida activa, el efecto negativo que las quiebras familiares tienen en los niños, la dura integración de los emigrantes que a millares se juegan su vida cruzando el mar en pequeñas embarcaciones, son algunas de las duras realidades de nuestras sociedades. Pero también es cierto que he visto cómo personas e instituciones de diferentes convicciones y distintas creencias hacen a diario de la solidaridad y de la fraternidad su razón de ser y de vivir.

La España actual, Santidad, es un Estado constitucionalmente laico, pero no laicista, que reconoce en su propia Constitución, artículo dieciséis, apartado tercero, el carácter excepcional de sus relaciones con la Iglesia Católica, enmarcadas en los vigentes Acuerdos con la Santa Sede. Un marco estable de relaciones que se prolongue en el tiempo y que sea satisfactorio para la Iglesia y la propia sociedad, siempre será la mejor garantía de normalidad en las relaciones de la Iglesia y el Estado en España, independientemente de las cambiantes coyunturas gubernativas o de la existencia de puntuales desavenencias políticas.

Los propios Acuerdos con la Santa Sede establecen los cauces formales para el diálogo, a través de Comisiones que son las que deben servir para buscar la colaboración y la cooperación tanto en las Leyes como en las Normas y Reglamentos que las desarrollan. Esta disposición de entendimiento y acuerdo es la que define la posición de mi Gobierno.

Santo Padre, al presentarme ante Vuestra Santidad como Embajador de España, permitidme que os transmita el afecto y el saludo de Sus Majestades los Reyes, de la Familia Real, del pueblo de España y de su Gobierno. Para todos ellos os pido Vuestra bendición, así como para los miembros de mi Embajada y sus familias y humildemente para mi familia y para mí mismo, que con filial devoción beso Vuestro anillo.