Documento del Vaticano sobre «La lucha contra la corrupción»

Redactado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz

| 1593 hits

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 5 octubre 2006 (ZENIT.org).- La Santa Sede acaba de publicar un documento sobre «La lucha contra la corrupción», en el que se presenta la contribución que la Iglesia puede ofrecer para combatir este cáncer que penetra incluso en las democracias.



El breve estudio, publicado por la Librería Editorial Vaticana, ha sido redactado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, cuyo presidente es el cardenal Renato Martino, y ha sido presentado este jueves en varios idiomas.

Ha sido escrito basándose en las conclusiones de la cumbre mundial de expertos en política, economía, ética social y otros campos, convocada el pasado mes de junio por este dicasterio de la Santa Sede en el Vaticano.

La corrupción, según el texto, desprecia a la persona humana por «intereses egoístas», «impide alcanzar el bien común, porque lo contrapone a criterios individualistas, de cinismo egoísta y de ilícitos intereses partidarios».

Según la nota del Consejo Pontificio, para superar la corrupción «es positivo el paso de sociedades autoritarias a sociedades democráticas, de sociedades cerradas a sociedades abiertas, de sociedades verticales a sociedades horizontales, de sociedades centralistas a sociedades participadas».

Ahora bien, esto no significa que en las sociedades abiertas democráticas no se den peligros de corrupción, pues la apertura puede demoler la solidez de las convicciones morales, la pluralidad puede deshacer los lazos sociales y minar el consenso ético de los ciudadanos, la pérdida de fronteras puede facilitar la importación de la corrupción.

Para evitar estos peligros, la doctrina social de la Iglesia propone el concepto de «ecología human», que consiste en el respeto de las estructuras fundamentales, naturales y morales, que el Creador ha dado al hombre.

«Si no se da a la familia la capacidad para desempeñar su tarea educativa, si las leyes contrarias al auténtico bien del hombre, como las que atentan contra la vida, deseducan a los ciudadanos sobre el bien, si la justicia procede con excesiva lentitud, si la moralidad de base es debilitada por la trasgresión tolerada, si las condiciones de vida se degradan, si la escuela no acoge y no emancipa, no es posible garantizar esa “ecología humana”».

Y cuando no hay «ecología humana», la corrupción echa raíces, advierte el texto.

En este sentido, la Iglesia puede ofrecer una contribución decisiva en la prevención y en la lucha contra la corrupción, especialmente a través de su obra de educación y formación moral, basándose en los principios de la doctrina social: dignidad de la persona humana, bien común, solidaridad, subsidiariedad, opción preferencial por los pobres, destino universal de los bienes de la tierra.

La nota del Consejo vaticano recalca que «la lucha contra la corrupción es un valor, pero también una necesidad; la corrupción es un mal, pero también supone un coste; el rechazo de la corrupción es un bien, pero también una ventaja; el abandono de las prácticas corruptas puede generar desarrollo y bienestar; los comportamientos honestos deben ser incentivados y los deshonestos penalizados».

Desde el punto de vista internacional, concluye, «dado que el crimen organizado no tiene fronteras, hay que aumentar la colaboración entre los gobiernos, con acuerdos sobre procedimientos para confiscar y recuperar lo que se ha percibido ilegalmente».