Dolor del Papa por el atentado del domingo en Mosul

El cardenal Delly pide "oración y perdón"

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ROMA, martes 4 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI expresó su propio dolor por la enésima ola de violncia que se ha abatido sobre Iraq.

En un telegrama firmado por el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, el Papa afirmó estar “profundamente entristecido por la trágica pérdida de vidas y por los heridos” causados por el atentado que el 2 de mayo provocó una tragedia sobre un convoy de autobuses que cada mañana lleva a los estudiantes universitarios de Qaraqosh, una localidad casi totalmente cristiana, a la universidad de Mosul.

Cuatro personas han muerto y 171 han sido heridas en el ataque. Cada automóvil transportaba alrededor de 50 estudiantes con edades comprendidas entre los 18 y los 26 años.

Al rezar por las víctimas y sus familias, según informó Radio Vaticano, Benedicto XVI reafirmó su “cercanía espiritual a las comunidades cristianas de Iraq” y renovado “su llamamiento a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que mantengan firmes los caminos de la paz y rchacen todos los los actos de violencia que han causado tantos sufrimientos”.

En declaraciones a la agencia Fides, el cardenal Emmanuel III Delly, patriarca caldeo de Bagdad, afirmó: “Estamos bajo estado de shock por este evento que ha afectado a jóvenes cristianos inocentes: dos explosiones por un acto de violencia brutal, que sólo por gracia de Dios no se ha convertido en una tragedia mayor. Estamos cerca de las familias de las víctimas, expresamos las más sinceras condolencias a cuantos han perdido a sus seres queridos”.

El purpurado invocó el “descanso eterno de las almas de las víctimas”, y oró “por los heridos, muchos de los cuales graves, y por el consuelo de sus parientes”.

“Nuestra reacción hoy es la de la oración y el perdón. Somos todos hermanos e hijos de Dios, y el pueblo de Iraq está llamado a hacer suya esta verdad”.

“Oramos para que el Señor ilumine la mente y el corazón de nuestros gobernantes y por cuantos se manchan en estas violencias, para que puedan convertirse a la paz y a la reconciliación. Nuestra respuesta cristiana a la violencia que sufrimos cada día – concluyó el cardenal – es y será siempre esta, en la certeza de que el Señor permanece con nosotros y se manifiesta en la cercanía, en el afecto y en la ayuda que nos muestran todos los cristianos del mundo”.