Dolor en México por el homicidio no intencionado de un sacerdote

El padre Durán fue víctima del fuego cruzado entre dos bandas de narcos

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MATAMOROS, martes 5 de julio de 2011 (ZENIT.orgEl Observador).- El domingo pasado, víctima de una “bala perdida” en un enfrentamiento entre bandas rivales de narcotraficantes, fue asesinado el sacerdote Marco Antonio Durán, de la diócesis de Matamoros, limítrofe con el Estado de Texas, en la frontera entre México y Estados Unidos.

La diócesis de Matamoros –que en este momento se encuentra sin obispo titular por el traslado de monseñor Faustino Armendáriz Jiménez a la diócesis de Querétaro-- calificó al homicidio del sacerdote Marco Antonio Durán como una víctima de un alza del odio entre hermanos y dijo que su sangre inocente significa una voz que clama al cielo pidiendo compasión y paz para el pueblo.

"En el contexto de violencia e inseguridad que vivimos nuestros estados y municipios, han sido múltiples las víctimas inocentes y las familias que han padecido el dolor y la ruptura, el temor y muerte”, dijo el administrador diocesano, el padre Roberto Sifuentes Aranda.

"El Padre Marco no es solo una víctima más de esta alzada de odio entre hermanos. Se trata de un hombre elegido para el servicio del pueblo de Dios, en estas tierras manchadas de sangre", señaló el padre Sifuentes Aranda en un comunicado de prensa difundido ayer

Más adelante, el padre Sifuentes Aranda subrayo que “la sangre del padre Marco víctima inocente, significa una voz que clama al cielo pidiendo compasión y paz para nuestro pueblo, significa una llamada a todos los fieles y ciudadanos, para que continuemos orando y comprometiéndonos en el trabajo por la justicia y la paz, significa la voz viva y fuerte de Dios mismo, para que todos volvamos nuestra mirada al cielo y enderecemos nuestros caminos”.

El sacerdote fue asesinado por la tarde, cuando se dirigía a la iglesia de San Francisco Belarmino, ubicada en la Colonia Emilio Portes Gil, donde era párroco.