Duro documento de los obispos italianos de Toscana contra la pena de muerte

Tiene un «carácter vengativo» y es la única pena «irreversible»

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FLORENCIA, 24 nov (ZENIT.org).- Los obispos de la Conferencia Episcopal Toscana acaban de publicar un auténtico decálogo contra la pena de muerte, en el que consideran «inaceptables tanto en el plano moral como en el jurídico todas las razones que han mantenido la pena de muerte y que todavía en muchos países de la tierra son adoptadas para justificarla».



El 30 de noviembre de 1786, el Gran Ducado de Toscana, primer estado del mundo, abolió la pena de muerte. Dos siglos después, los presidentes del Consejo y Junta de la región han decidido transformar el aniversario en la «Fiesta de Toscana».

Los 19 firmantes del documento (18 obispos además del abad de Monte Oliveto Maggiore) no ocultan el hecho de que
sobre la pena de muerte hay quien, incluso dentro de la comunidad cristiana, más o menos explícitamente se declara posibilista.

A estas personas, los obispos de esta provincia foco de referencia del arte y del humanismo europeo, recuerdan que «el cristiano, por muy ofendido que pueda sentirse, no podrá nunca pedir la muerte para quien ha matado».

Podrá en cambio «desear y también pedir a la autoridad pública una justa pena para quien se hace culpable de un reato, pero tal pena, para ser justa verdaderamente, no deberá nunca violar los derechos esenciales del reo, que sigue siendo una persona humana y que, en todo caso, tiene derecho a la supervivencia, con la esperanza de un futuro humanamente aceptable en el que sea capaz de resarcir al menos en parte el mal cometido».

La pena de muerte, añade el documento, tiene sólo un «carácter vengativo», «es la única pena irreversible y no parece en ningún modo justificable».

«No es un elemento de disuasión», continúan diciendo, al contrario «algunos estudios comparados revelan que tal pena parece constituir una incitación al homicidio, en cuanto que un Estado homicida puede constituir una justificación del homicidio privado».

Pero los obispos toscanos van más allá afirmando que «la pena de muerte no es en sí una pena: es pena, en cambio, el período angustioso en el que el presunto reo espera la ejecución y a menudo también la macabra puesta en escena que la caracteriza; pocas otras realidades son tan inhumanas y deshumanizantes tanto para quien las sufre como para quien asiste a ellas».

Por último, en sintonía con el «mea culpa» del Papa, los obispos toscanos admiten que «en los siglos pasados la Iglesia se ha encontrado a menudo ejerciendo un poder temporal, dejándose también implicar en una lógica social y jurídica tal vez en contraste con la letra y el espíritu del Evangelio».

«Por este motivo, el Santo Padre ha pedido solemnemente perdón en el curso del actual Jubileo, y nosotros obispos de Toscana queremos asociarnos a esta petición de perdón, en la esperanza de que el próximo milenio pueda ver nuevas metas para una cada vez más auténtica convivencia humana», concluyen.