EE. UU. explica el Vaticano su plan de lucha contra el tráfico de personas

Congreso organizado por el embajador ante la Santa Sede

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ROMA, 1 marzo 2002 (ZENIT.org-Avvenire).- Hace unos días, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, creó una «task force» con el objetivo de combatir el tráfico de personas.



El embajador ante la Santa Sede, Jim Nicholson, está organizando un congreso internacional sobre este tema en la Univesidad Gregoriana de Roma que tendrá lugar a mediados de mayo. En esta entrevista explica el problema.

--¿Que significado tiene la decisión del presidente de EE.UU?

--Jim Nicholson: Es un acto que atestigua el empeño de la administración estadounidense contra el tráfico de seres humanos, esta gravísima plaga que golpea a hombres, mujeres y niños y representa una forma detestable de nueva esclavitud.

Hoy se calcula que hay entre 700.000 y 4 millones de personas en condiciones de total esclavitud en el mundo. Tratados como objetos, son vendidos y comprados por personajes crueles y sin escrúpulos para ser destinados a trabajos forzados o al mercado de la prostitución. Ante la dimensión y gravedad del fenómeno, las naciones civiles y democráticas deben redoblar los propios esfuerzos para poner fin a esta gravísima plaga.

--¿Qué pueden hacer las naciones desarrolladas para contribuir a eliminar este horrible fenómeno?

--Jim Nicholson: El problema es complejo y hay que afrontarlo a diferentes niveles. Sobre todo, está claro que se manifiesta preferentemente en las zonas del mundo que sufren pobreza y hambre. Una política internacional capaz de crear desarrollo, de contribuir a la nutrición, reforzar las condiciones de educación, de desarrollar una política para la familia es una condición esencial para hacer tierra quemada en torno a los traficantes. Luego es necesaria una mayor cooperación internacional en el nivel legislativo y la colaboración entre las policías, incluido el intercambio de informaciones y datos sobre el fenómeno. Está claro que a una criminalidad que se globaliza y que no conoce fronteras, como la dedicada al tráfico de seres humanos, no se puede responder sino con medidas de tipo internacional.

--En el mundo católico hay preocupación sobre la posibilidad de la ampliación del conflicto militar fuera de Afganistán...

--Jim Nicholson: Dos días después de la tragedia, el Papa me dijo personalmente que el gravísimo atentado del 11 de septiembre no era sólo un ataque contra Estados Unidos, sino contra toda la humanidad. Hemos asumido el compromiso de informar inmediatamente al Santo Padre sobre todo posible desarrollo de la guerra al terrorismo. Está claro que por parte del Vaticano hay una particular sensibilidad por los temas de la paz. A nadie le gustan las balas y las bombas. Puedo decirle que hasta ahora la Santa Sede ha comprendido nuestras razones y ha sido muy comprensiva por lo que se refiere a nuestro compromiso en Afganistán.

--¿Y en caso de que se amplíen las operaciones militares?

--Jim Nicholson: No hagamos procesos de intenciones. El presidente Bush ha dicho que la lucha contra el terrorismo no cesará hasta que no quede en condiciones de no poder atacar y de no acabar con más vidas inocentes. Si se dan decisiones sobre nuevas intervenciones militares, trataremos --como en el pasado-- de explicar nuestras razones, nuestros motivos, conscientes de que la Santa Sede es un interlocutor atento y disponible al diálogo.