Egipto: mantener viva la esperanza de una primavera de libertad, especialmente religiosa,

El cardenal Sandri lo considera posible gracias a la responsabilidad y contribución de sus habitantes

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 708 hits

El cardenal Leonardo Sandri, prefecto del dicasterio de las Iglesias Orientales, declaró al diario vaticano L'Osservatore Romano que “sigue con viva preocupación la terrible situación que está pasando Egipto, y compartiendo la oración del santo padre por las víctimas”.

El cardenal argentino “en unión con el papa” invita a Egipto a la vía y consolidación de “aquel diálogo que lleve a la reconciliación y al restablecimiento de la paz civil, a retomar la vida social, a reconstruir las áreas tan golpeadas por los eventos”.

Expresó además su “cercanía fraterna” al patriarca copto ortodoxo Tawadros II y a su comunidad y “un particular pensamiento” a los coptos católicos guiados por el patrairca Ibrahim Sidrak, así como a los obispos, sacerdotes y fieles.

“El Señor les sostenga en esta prueba tan dura para toda la nación, confortando a quienes sufren en el cuerpo y en el espíritu, especialmente a los inocentes, y acoja en su paz las numerosas víctimas. Sus lágrimas son lágrimas de todas las Iglesias orientales difundidas en el mundo”.

El cardenal invita además a mantener viva la esperanza de que “Egipto pueda tener una profunda primavera de humanidad y libertad, especialmente religiosa, viviendo en la justicia y en la solidaridad, gracias a la responsable contribución de sus habitantes”.

Pide también que “sea protegida la dignidad de los individuos y comunidades” que define como “un admirable entrelazarse de religión, cultura e historia” así como la “mutua comprensión entre cristianos y musulmanes”.

Solicita que además a cada uno “se le garantice serenidad, educación, salud, habitación y lo necesario para una vida digna de tal nombre”.

Y retomando la exhortación del papa Francisco, pone “a Egipto y a todos sus habitantes” bajo la protección “de la Sagrada Familia, que vivió como exiliada en esa tierra, considerada durante los siglos justamente bendita por la hospitalidad que le brindó al Redentor”.