Ejemplos de ecumenismo y tolerancia religiosa en Armenia y Azerbaiyán

Constata el secretario de Estado del Papa

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 17 marzo 2008 (ZENIT.org).-«Dos países emblemáticos por las relaciones entre Iglesias cristianas y por las relaciones entre la Iglesia católica y el mundo islámico»: así describe Armenia y Azerbaiyán el cardenal secretario de Estado.

Por invitación de las autoridades religiosas y de las autoridades civiles de los dos países, y en nombre y por mandato del Papa, el cardenal Tarcisio Bertone visitó del 4 al 9 de marzo estas naciones asiáticas. Hizo balance de su viaje en una entrevista concedida conjuntamente a L'Osservatore Romano (al subdirector, Carlo di Cicco), a Radio Vaticana (a Giovanni Peduto) y al Centro Televisivo Vaticano.

Difundida íntegramente en el diario de la Santa Sede -edición en italiano fechada el 16 de marzo--, en la entrevista el purpurado traza la especificidad de Armenia, caracterizada «por una convivencia entre la antigua comunidad armeno-apostólica y la comunidad católica de los armenios», y por un diálogo ecuménico «muy desarrollado».

«Recordemos la visita a Roma del catholicos armenio, Karekin I; las relaciones hasta de amistad entre Juan Pablo II y Karekin I, y desde 2001 con Karekin II» --explica--; «las relaciones entre la Iglesia católica y el catholicos de Etchmiadzin» «son muy buenas y esperamos próximamente la visita en Roma del catholicos Karekin II»; «existe un diálogo intenso, positivo, una gran colaboración, una estima recíproca».

Por su parte, en Azerbaiyán «conviven una gran comunidad musulmana y dos pequeñas comunidades, católica y ortodoxa» --prosigue el cardenal Bertone--; «recordemos también las relaciones del jeque [Allah Shukur Pasha Zade], que es el gran jefe de los musulmanes del Cáucaso, con la Iglesia católica y con el propio Papa».

«La estima que manifiesta esta gran autoridad religiosa musulmana hacia la Iglesia católica, hacia el Papa, es muy elevada y no ha sufrido ninguna flexión --confirma--: también en estos últimos tiempos ha sido manifestada en los discursos públicos, ante los jefes de las comunidades musulmanas de Azerbaiyán y del Cáucaso».

Los dos países -según una antigua tradición, a la que alude el cardenal Bertone--, «fueron evangelizados por los Apóstoles Bartolomé y Tadeo», y en la capital azerbayana (Bakú), «de un país musulmán», «se conservan con respeto los restos arqueológicos, los signos de los recuerdos de la primera evangelización cristiana».

De Armenia, el secretario de Estado vaticano guarda -entre otros-- «el recuerdo imborrable de la devoción, de la religiosidad del pueblo armenio»; «un recuerdo que se convierte también en oración, que se hace comunión de intenciones, colaboración en campo ecuménico y en campo interreligioso».

Y en Azerbaiyán «he visto concretamente --relata-- la estima de la que gozan las pequeñas Iglesias -la Iglesia ortodoxa rusa y la Iglesia católica--. Se trata de unos 390, tal vez 400 fieles católicos. Es un modelo de convivencia porque, por ejemplo, el presidente [Aliyev, Jefe de Estado], con la disponibilidad del jeque musulmán, ofreció el terreno para la reconstrucción de la iglesia de la comunidad católica que había sido destruida bajo el régimen comunista».

«Es una señal que testimonia un respeto por las demás religiones, tanto por parte de las autoridades políticas como de las autoridades religiosas musulmanas» en un país donde «ciertamente se puede reconocer el rasgo de una sociedad moderna, laica, que sin embargo reconoce el valor público de las religiones para el desarrollo y para la convivencia pacífica en una comunidad política», señala el cardenal Bertone.

«Me parece, por lo tanto, que bajo este perfil es un modelo imitable, diría exportable --precisa--, naturalmente con los medios pacíficos, porque si no iríamos contra el principio de libertad».

Imitable también --según transcribe L'Osservatore Romano al cardenal Bertone- «porque no se trata de simple "tolerancia" en sentido negativo» como «una actitud forzada», sino de «una tolerancia positiva que ayuda a las demás religiones a expresarse incluso públicamente».

Por Marta Lago