Ejercicios espirituales: «Nuestra única garantía, el amor del Padre y misericordia de Jesús»

Predicaciones en la mañana de este jueves del patriarca emérito de Venecia

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 9 marzo 2006 (ZENIT.org).- «Nuestra única garantía son el amor del Padre y la misericordia de Jesús». A esta conclusión llegó en la mañana de este jueves el predicador de los ejercicios espirituales, en los que participan Benedicto XVI y sus colaboradores de la Curia romana.



«Jesús nos pide que nos fiemos incondicionalmente de su infinita misericordia», añadió el cardenal Marco Cé, patriarca emérito de Venecia, según recoge la crónica ofrecida por «Radio Vaticano».

Los tres pasajes evangélicos que propuso en la capilla dedicada a la Madre del Redentor, durante esta mañana, fueron el de la Transfiguración de Jesús, la curación del niño epiléptico de Jericó, y la del ciego mendigo de Jericó.

La Transfiguración revela «la intrínseca unidad entre cruz y gloria», una relación que no habían comprendido los discípulos, indicó al dirigirse al Papa, a los cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos.

Allí, en el Monte Tabor, «aparece la realidad gloriosa de su personas y de su relación con el Padre. Es como una anticipación de la Resurrección», explicó comentando el pasaje de Marcos (9, 1-9).

La presencia de Moisés y Elías junto al Padre, añadió, indica que en Jesús se cumplen todas las promesas de la Antigua Alianza. Pero, por otra parte, la gente esperaba un Mesías potente y glorioso, que liberara a Israel de la liberación romana. Jesús, sin embargo, muestra que «el proyecto del Padre es muy diferente».

Al hablar de la curación del niño epiléptico, recordó que los discípulos no habían logrado liberar al niño de su mal, y que Cristo actuó en respuesta a la fe del padre: «Jesús nos pide que nos fiemos incondicionalmente de su infinita misericordia».

«Generación incrédula», se lamenta Jesús dirigiéndose a los discípulos, que son prisioneros de la concepción mundana del mesianismo», añadió.

Cristo les explicó que sólo con la oración se puede expulsar el mal, confirmando «la primacía absoluta de la acción divina».

Por último, el predicador comentó la curación del ciego mendigo de Jericó, donde la fe también es decisiva para que pueda recuperar la vista. El ciego escucha la llegada del Señor --«la fe viene escuchando»-- y su deseo más profundo es el de ver a Jesús.

Se trata de una lección sumamente actual, afirmó el cardenal Cé: «La fe no es sólo o sobre todo información, la fe es entrega de uno mismo, es comunión con Jesús que se entrega».

«Pidamos al Señor la gracia de curar nuestra ceguera, pidámosle que nos dé la verdad, la única que nos hace verdaderamente libres, y al mismo tiempo pidamos la fuerza para traducirla en nuestra vida, siguiéndole a Él por el camino que lleva a Jerusalén, seguros de que en la cruz ya está la gloria», afirmó.

«Los ejercicios espirituales son un camino para renovar nuestra fe bautismal. El objetivo de la Cuaresma es creer en Jesús, abriéndole de par en par nuestra vida», concluyó.

Estos días de retiro espiritual, en los que el Papa no tiene audiencias públicas, concluirán este sábado por la mañana.