El acompañamiento de la Iglesia ante la muerte

Diócesis españolas forman grupos de duelo para las familias

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BARCELONA, lunes 2 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- Grupos de acompañamiento en el duelo que actúan sobre todo después de la muerte con las familias de los fallecidos se están formando en varias diócesis españolas.

“Estos grupos son un recurso que la Iglesia ofrece para ayudar a limpiar las heridas y a encontrar consuelo y comprensión tras el fallecimiento, cuando la familia está abatida, desolada y sobre todo, desorientada”, informa a ZENIT el coordinador de la pastoral de la salud de las diócesis de Cataluña, Alfons Gea.

“Muchas veces, el problema es que nadie comprende, la gente se cansa de escuchar al cabo de unos días”, explica. En Cataluña, por ejemplo, este servicio se ofrece actualmente en Lérida, Sabadell, Barcelona y Terrassa.

“En contacto con la funeraria, un equipo de voluntarios llama a las familias que han tenido una defunción para darles el pésame e interesarnos por cómo están”, indica Gea.

Muchas veces, la familia no requiere una atención presencial, “pero sí un seguimiento telefónico, y el mismo voluntario se encarga de llamar cada veinte días”, continúa.

Cuando el caso es más difícil, se ofrece una ayuda más concreta: el grupo de duelo, en el que “un experto ayuda a las personas a asumir la muerte y rehacer su vida sin la persona que les ha dejado”, añade.

Otras respuestas que la Iglesia ofrece ante la muerte habitualmente son la celebración de los sacramentos, las exequias y también la visita y el consuelo a la familia del fallecido por parte de personas de los grupos de pastoral de la salud que visitaban al enfermo antes de fallecer.

Algunas diócesis disponen también de unos folletos para ayudar a entender la muerte y a orar, con fragmentos del Evangelio, oraciones, textos sobre el dolor y la vida, etcétera.

Por otra parte, en ocasiones, voluntarios católicos participan en servicios de acompañamiento no estrictamente de la Iglesia, como es el caso del sacerdote Alfons Gea, que es el encargado de la atención al duelo del Ayuntamiento de la ciudad de Terrassa.

La muerte con o sin fe

Con su experiencia en este ámbito, Gea constata que la gran diferencia entre un católico y una persona no creyente a la hora de enfrentar la muerte se encuentra en la esperanza.

“No es lo mismo mirar al infinito con incertidumbre que hacerlo con esperanza -asegura-. El caminar es distinto, aunque la ausencia y el dolor no se le ahorran a nadie ni quedan tapados por la certeza, porque el día a día es duro”.

“Para el cristiano de fe firme, el más allá no es una posibilidad, sino una realidad -continúa-. Entonces, el consuelo es mayor”.

“Tenemos que convivir con una ausencia, pero con una esperanza cierta -añade-. Sin fe, con una ausencia y con incertidumbres”.

El sacerdote, que también es psicólogo y está especializado el acompañamiento en el duelo, destaca que existe una parte común a todos: el vacío y la ausencia.

“Tanto si tenemos fe como si no, de alguna manera tenemos que rehacer la vida sin esa persona y aprender a vivir de nuevo, de una forma diferente porque esa persona formaba parte de nuestra historia; el aprendizaje es común a todos”.

“Además, actualmente hay una especie de nebulosa espiritual -concluye-, hay personas de otras religiones que creen en sus paraísos y gente que aunque no crea sí tiene un sentido de trascendencia y ubica al difunto en un lugar indefinido, lo cual nos habla de la necesidad de creer”.