El amor es posible, asegura Benedicto XVI a los jóvenes del mundo

En su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud 2007

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 4 febrero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha enviado un mensaje a los chicos y chicas del mundo, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud 2007, en el que se plantea un único objetivo: mostrarles que el amor es posible.



«Cada persona siente el deseo de amar y de ser amado. Sin embargo, ¡qué difícil es amar, cuántos errores y fracasos hay que registrar en el amor! Hay quien incluso llega a dudar si el amor es posible», reconoce el Santo Padre en su misiva.

«Pero si carencias afectivas o desilusiones sentimentales pueden hacernos pensar que amar sea una utopía, un sueño inalcanzable, ¿hay que resignarse?», se pregunta el obispo de Roma.

«¡No! --responde-- El amor es posible» y explica que el objetivo de su mensaje consiste en «contribuir a revivir en cada uno de vosotros, que sois el futuro y la esperanza de la humanidad, la fe en el amor verdadero, fiel y fuerte»

«Un amor que genera paz y alegría; un amor que une a las personas, haciéndolas sentirse libres en el mutuo respeto», aclara en el mensaje con motivo de la Jornada que se celebrará en el mundo, a nivel diocesano, el próximo Domingo de Ramos, 1 de abril.

La misiva papal ilustra tres momentos o realidades que permiten a los chicos y chicas del mundo llegar al «descubrimiento» del amor.

En primer lugar, el Papa les explica que Dios es la «fuente del amor». «Dios es amor» dice el Papa al citar la primera carta de Juan (4,8.16), «no quiere decir sólo que Dios nos ama, sino que el ser mismo de Dios es amor».

En segundo lugar, Jesús constituye la revelación plena del amor de Dios.

«¿Cómo se nos manifiesta Dios-Amor?», pregunta el Papa y responde: «Aunque en la creación ya están claros los signos del amor divino, la revelación plena del misterio íntimo de Dios se ha realizado en la Encarnación, cuando Dios mismo se hizo hombre».

«En Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, hemos conocido el amor en todo su alcance», insiste.

«La manifestación del amor divino es total y perfecta en la Cruz», indica, citando a san Pablo cuando dice «la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros».

«Es más --insiste--, el Crucificado, que después de la resurrección lleva para siempre los signos de la propia pasión, pone de relieve las "falsificaciones" y mentiras sobre Dios, que se ocultan bajo el manto de la violencia, la venganza y la exclusión».

«Cristo es el Cordero de Dios, que carga con el pecado del mundo y erradica el odio del corazón del hombre. Ésta es su verdadera "revolución": el amor».

El Papa llega así al tercer momento de su reflexión o realidad con la que quiere que los jóvenes descubran o redescubran el amor: la experiencia del amor de Cristo debe llevar a «amar al prójimo como Cristo nos ama», les dice.

«Ya en el Antiguo Testamento Dios había dicho: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" --recuerda--, pero la novedad de Cristo consiste en el hecho de que amar como Él nos ha amado significa amar a todos, sin distinción, también a los enemigos, "hasta el extremo"».

La carta concluye ilustrando «el secreto del amor», es decir, el «indispensable apoyo de la Gracia divina».

«Sólo la ayuda del Señor nos permite huir de la resignación frente a la enormidad de la tarea a llevar a cabo y nos infunde el valor de realizar lo que humanamente es impensable», indica.

Y para ello recomienda a los jóvenes que descubran la Eucaristía, «la gran escuela del amor».

«Cuando se participa en forma regular y con devoción en la Santa Misa --explica--, cuando se transcurren en compañía de Jesús eucarístico prolongadas pausas de adoración, es más fácil comprender la anchura, la longitud, la altura y la profundidad de su amor que excede a todo conocimiento».

El Papa ha dado cita a todos los jóvenes del mundo del 15 al 20 de julio en Sydney (Australia) con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud (http://www.wyd2008.org).