El amor y la verdad no se imponen, «tocan a la puerta del corazón», explica el Papa

Explica el sentido de la solemnidad de Cristo Rey del Universo

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 26 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Según Benedicto XVI, Jesús es rey, pero su reino de Amor y Verdad no se impone con la fuerza, pues el amor y la verdad «tocan a la puerta del corazón y de la mente y, allí donde pueden entrar, ofrecen paz y alegría».



Así lo explicó este domingo a mediodía, en el día en que la Iglesia celebraba la solemnidad de Cristo Rey del Universo, al dirigirse a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo del semanal encuentro para rezar la oración mariana del Ángelus.

«¿Cuál es la «verdad» que Cristo vino a testimoniar al mundo?», se preguntó el Papa y respondió: «Toda su existencia revela que Dios es amor: esta es, por tanto, la verdad de la que dio pleno testimonio con el sacrificio de su misma vida en el Calvario».

«La Cruz es el “trono” desde el que manifestó la sublime realeza de Dios Amor --explicó el Papa hablando desde la ventana de su estudio--: entregándose en expiación por el pecado del mundo, derrotó al dominio del “príncipe de este mundo” e instauró definitivamente el Reino de Dios».

«Reino que se manifiesta en plenitud al final de los tiempos, después de que todos los enemigos, y por último la muerte, hayan sido sometidos», aclaró.

«Entonces, el Hijo entregará el Reino al Padre y finalmente Dios será “todo en todos”», destacó, citando la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15, 28).

«El camino para llegar a esta meta es largo y no es posible tomar atajos: es necesario que toda persona acoja libremente la verdad del amor de Dios. Él es Amor y Verdad, y tanto el amor como la verdad no se imponen nunca: tocan a la puerta del corazón y de la mente y, allí donde pueden entrar, ofrecen paz y alegría».

«Esta es la manera de reinar de Dios; este es su proyecto de salvación, un “misterio”, en el sentido bíblico del término, es decir, un designio que se revela poco a poco en la historia», añade.

El Papa concluyó su meditación deseando que «el amor de Dios pueda reinar en todos los corazones y se cumpla su designio de justicia y de paz».