El arribismo y la superficialidad deshumanizan la vida social, según el Papa

Consejos contra corriente del pontífice al inicios del año escolar

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CASTEL GANDOLFO, 2 septiembre 2001 (ZENIT.org).- Según Juan Pablo II, «la superficialidad, el arribismo, aunque obtengan algún éxito inmediato, no constituyen sin embargo el auténtico bien del hombre y de la sociedad».



Este fue el consejo, «claramente contra corriente», como él mismo reconoció, que el Papa dejó este domingo, a inicios del año escolar en el hemisferio norte, al encontrarse con varios miles de peregrinos en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, antes de rezar con ellos la oración mariana del «Angelus».

Citando palabras de san Pablo, añadió que, por el contrario, «el Reino de Dios ha sido preparado eficazmente por las personas que desempeñan seria y honestamente su actividad, que no aspiran a cosas demasiado elevadas, sino que se pliegan con fidelidad cotidiana en las humildes».

«La mentalidad del mundo, de hecho --continuó diciendo--, lleva a emerger, a abrirse camino quizá con picardía y sin escrúpulos, afirmándose a sí mismos y los propios intereses».

«Las consecuencias están ante los ojos de todos: rivalidades, abusos, frustraciones», constató el Papa Wojtyla. Por el contrario, aseguró, «En el Reino de Dios se premia la modestia y la humildad».

Por eso, aconsejó a los cristianos iluminar su vida con la Palabra de Dios, que «ayuda a mirar las cosas en su justa medida, la de la eternidad».

La prueba la constituye el mismo Jesús, quien «recorrió con coherencia el camino de la humildad, transcurriendo la mayor parte de su existencia terrena en el escondrijo de Nazaret, junto a la Virgen María y san José, realizando el trabajo de carpintero».

Ahí está el secreto, concluyó el obispo de Roma, «para que toda actividad profesional o en el hogar pueda desempeñarse en un clima de auténtica humanidad, gracias a la humilde y concreta contribución de cada uno».