El bautismo administrado por el Papa: una doble bendición

Entrevista con los esposos Luca Grilone y Samantha Barreca

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 10 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Este domingo por la mañana, la Capilla Sixtina contaba con 14 invitados especiales. Se trataba de los recién nacidos --la más pequeña del grupo nació el pasado 3 de diciembre--, que recibieron el primer sacramento de la vida cristiana de manos del papa Benedicto XVI, con motivo de la fiesta del Bautismo del Señor.

Los célebres frescos de Miguel Angel así como la obra denominada "El bautismo de Cristo" de Pietro Perugino y Pinturicchio que también engalana la Capilla Sixtina, fueron los testigos del inicio a la vida cristiana de estos pequeños.

Se escuchaban en la ceremonia llantos, balbuceos así como algunas preguntas que los hermanitos mayores de los recién nacidos formulaban a sus padres.

Los bautizados son todos hijos de empleados del Vaticano. Estaban acompañados por los padres, padrinos y madrinas, así como por un pequeño grupo de familiares.

En esta ocasión los hermanitos mayores de los recién bautizados tuvieron un papel especial: fueron los encargados de llevar las ofrendas al altar durante la presentación de dones. El Pontífice saludó a cada uno de los pequeños y les dirigió algunas palabras.

Un privilegio y una responsabilidad

Entre los bebés estaba Gabriele, quien nació el 1 de diciembre. Su nombre completo es Gabriele Maria Andrea Karol. Es el primogénito de los esposos Luca Grilone, empleado de los Museos Vaticanos, y Samantha Barreca, quienes contrajeron matrimonio en julio de 2008.

En diálogo con ZENIT después de la ceremonia, Luca aseguró que el bautismo de su hijo es un hecho doblemente sagrado: "en primer lugar, por el hecho mismo del bautismo, y luego porque ha sido bautizado por el Papa, justo en el lugar donde él fue elegido".

Para el padre del recién bautizado no es una novedad recibir un sacramento de manos del Sumo Pontífice ya que fue el mismo Juan Pablo II quien le dio la primera comunión en 1986.

Además, Luca durante varios años sirvió como acólito en algunas ceremonias papales "Al ver a los monaguillos me acordaba que hace 20 años estaba en su lugar. Ahora me he casado y soy papá", recordaba.

Samantha por su parte confiesa a ZENIT que antes de la ceremonia estaba preocupada de que su hijo llorase durante la misa, pero el pequeño Gabriele estuvo muy silencioso en esta ceremonia que duró casi dos horas.

"A lo mejor estaba rezando", agrega el padre del pequeño sonriendo.

"Nuestro niño ha sido purificado del pecado original. Esperemos que con nuestro ejemplo podamos avanzar con él en el camino cristiano que inicia hoy", confiesa Samantha.

La madre de Gabriele confiesa también que quisiera que su hijo fuese sacerdote: "quizás es demasiado pronto. No sé si sea la voluntad de Dios. Es necesario ver el camino que seguirá el pequeño. Luego se verá".

El rito del bautismo se realizó en la pila de bronce elaborada por el escultor Mario Toffetti. Los padres del recién nacido recibieron la comunión de manos del Santo Padre durante la Eucaristía.

Samantha confiesa con estas palabras la emoción que sintió minutos antes del bautizo de su hijo: "Cuando recibimos la comunión en la pila bautismal, no podía contenerme: reía y lloraba al mismo tiempo. Traté de contener las lágrimas".

Samantha concluyó su diálogo con ZENIT manifestando su admiración por el Papa: "Me gusta cómo habla. Cómo se expresa con pequeños gestos. Es muy afectivo. Quien no lo ve personalmente no nota esos pequeños detalles. En el momento del bautismo parecía un abuelito. Aunque no nos conocía nos trasmitió mucho afecto con la mirada. Esto siempre lo llevaré en mi corazón, por toda mi vida".

La celebración eucarística fue concelebrada por el arzobispo Beniamino Stella, presidente de la Pontificia Academia Eclesiastica, y el arzobispo Felix del Blanco, limosnero del Santo Padre.

Por Carmen Elena Villa