El beato Juan Pablo II, ¿patrón de una Europa finalmente unida?

Presidencia polaca de la Unión Europea

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 13 de julio de 2011 (ZENIT.org).– La embajadora de Polonia ante la Santa Sede, Hanna Suchocka, expresó su deseo de que el beato Juan Pablo II se convierta en el patrón de una Europa finalmente unida.

El secretario de la Santa Sede para las relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti, presidió, este martes por la mañana en la Basílica de San Pedro, una misa por Polonia y por el futuro de Europa, en presencia de los embajadores acreditados ante la Santa Sede.

La eucaristía tuvo lugar por iniciativa de la embajadora de Polonia ante la Santa Sede, informó Radio Vaticano. Su país ostenta desde el 1 de julio la presidencia de la Unión Europea.

Al final de la misa, monseñor Mamberti y los miembros del cuerpo diplomático fueron a recogerse junto a la tumba del beato Juan Pablo II.

Suchocka dio las gracias a los participantes y expresó el deseo de que el papa polaco pueda ser considerado por todos como el “patrón de una Europa unida y capaz de respirar plenamente por sus dos pulmones”.

Por su parte, monseñor Mamberti recordó en su homilía la urgencia de la “conversión”, de un retorno a los valores de solidaridad y de fraternidad en Europa. Lanzó una “alerta contra la pérdida de las raíces europeas” y “una llamada a la conversión”.

“Cegados por el progreso y el bienestar, los hombres de hoy no se interesan más que por los bienes materiales y olvidan a Dios, o viven como si no existiera”, lamentó.

Entre otras cosas, monseñor Mamberti recomendó inspirarse en el ejemplo de san Benito, patrón de Europa.

Al día siguiente de la fiesta litúrgica de san Benito, copatrón de Europa, a quien el Papa mencionó el domingo en el Ángelus, monseñor Mamberti exhortó al “Viejo continente” a “encontrar en su cultura y en sus raíces la fuerza necesaria para un renacimiento espiritual y humanista”.

“El día del juicio -declaró monseñor Mamberti- tendremos que rendir cuentas no sólo de los pecados cometidos, sino también de las gracias recibidas que no hicimos fructificar”.

Por Anita S. Bourdin