El bien, el camino más veloz hacia la paz; tema de la próxima Jornada de la Paz

El vaticano anuncia el lema: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien»

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 28 septiembre 2004 (ZENIT.org).- El mensaje de Juan Pablo II para la próxima Jornada Mundial de la Paz tendrá por lema el consejo que dejaba el apóstol Pablo en su carta a los Romanos (12, 21): «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien»



La Jornada, que se celebrará por trigésimo octava ocasión el 1 de enero de 2005, quiere subrayar «el mal como causa y fuente de conflictos y guerras, y al mismo tiempo, el lazo inseparable entre el bien moral y la paz», afirma una nota publicada este martes por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

En el nuevo escenario internacional, caracterizado por la oleada de terrorismo, el mensaje pontificio recalcará «uno de los principios más importantes de la doctrina social de la Iglesia: el principio del bien común universal», explica.

«El bien moral es el presupuesto para hacer concreto el bien común y la realización del bien común tiene entre sus objetivos estructurar las organizaciones sociales, económicas y políticas, nacionales e internacionales, en perspectiva de la paz», indica.

Ilustrando el principio del destino universal de los vienes, el mensaje del Papa podrá en relación el «derecho al desarrollo» con el «derecho a la paz».

La búsqueda del bien, reconoce la nota aclaratoria vaticana, debe tener en cuenta «los numerosos problemas sociales y económicos que pesan sobre la vida de los pueblos: desigualdades, privaciones de todo tipo, injusticias, inseguridad».

Por este motivo, la búsqueda del bien exige «equidad» y «solidaridad», añade el texto.

«El Mensaje del Santo Padre tendrá el objetivo de comprometer a todos en la búsqueda del camino del bien como el camino más seguro y veloz para llegar a la paz», concluye.

La Jornada Mundial de la Paz fue instaurada el 1 de enero por el Papa Pablo VI, quien en el Año Nuevo de 1968 deseaba que esta celebración fuera un «presagio» y una «promesa» de paz para cada año que comienza.