'El bien tiene la necesidad en sí de comunicarse'

Visita de Benedicto XVI al Centro 'Ad Gentes' de los misioneros verbitas en Nemi

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NEMI, lunes 9 julio 2012 (ZENIT.org).- A las 11,30 horas de hoy Benedicto XVI partió en auto de la Villa Pontificia de Castel Gandolfo para trasladarse en visita al Centro Ad Gentes de los misioneros verbitas en Nemi, Roma. En esta Casa, que entonces se llamaba Centro Internacional de la Sociedad del Verbo Divino, tuvieron lugar el 29 de marzo de 1965 los trabajos de la "Comisión Conciliar de las Misiones", en los que participó el joven teólogo perito conciliar Joseph Ratzinger.

A su llegada, el papa fue recibido por el superior general elegido, padre Heinz Kulüke, por el superior general saliente, padre Antonio Pernia, y por el procurador general, padre Giancarlo Girardi.

En la capilla del Centro, donde lo esperaban los 150 participantes en el Capítulo general de los Misioneros Verbitas y la Comunidad de la Curia Generalicia de Roma, el santo padre se detuvo en adoración ante el Santísimo; luego, tras el saludo del padre Antonio Pernia, superior general, dirigió su palabra a los presentes.

Al término de la visita, el papa dejó el Centro Ad Gentes y regresó al Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.

Ofrecemos las palabras que el papa ha dirigido a los Verbitas en su visita.

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Estoy verdaderamente complacido por la posibilidad de volver a ver después de 47 años esta casa en Nemi. tenía de ella un bellísimo recuerdo, quizá el más bello recuerdo de todo el Concilio. Yo vivía en el centro de Roma, en el Colegio de Santa María del Alma, con todo el ruido: ¡todo eso es también bello! Pero estar aquí en el verde, tener esta amplitud de la naturaleza y también esta frsecura del aire, era ya en sí una cosa bella. Y luego estaba la compañía de tantos grandes teólogos, con un encargo tan importante y bello de preparar un decreto sobre la misión.

Recuerdo sobre todo al general de aquél tiempo, el padre Schütte, que había sufrido en China, había sido condenado, luego expulsado. estaba lleno de dinamismo misionero, de la necesidad de dar un nuevo impulso al espíritu misionero. Y me tenía a mí, que era un teólogo sin gran importancia, muy joven, invitado no sé por qué. Pero era un gran regalo para mi.

Luego estaba Fulton Sheen, que nos fascinaba por la noche con sus discursos, el padre Congar y los grandes misionólogos de Lovaina. Para mí fue un enriquecimiento espiritual, un gran regalo. Era un decreto sin grandes controversias. Estaba la controversia, que yo nunca he comprendido realmente, entre la escuela de Lovaina y la de Münster: fin principal de la misión ¿es la implantatio Ecclesiae o el anuncio Evangelii? Pero todo convergía en un único dinamismo de la necesidad de llevar la luz de la Palabra de Dios, la luz del amor de Dios al mundo y de dar una nueva alegría por este anuncio.

Y así nació en aquellos días un decreto bello y bueno, casi aceptado unánimemente por todos los padres conciliares, y para mí es también un complemento muy bueno de la Lumen gentium, porque en el encontramos una eclesiología trinitaria, que parte sobre todo de la idea clásica del bonum diffusivum sui, el bien que tiene la necesidad en sí de comunicarse, de darse: no puede estar en sí mismo, la cosa buena, la bondad misma esencialmente es communicatio. Y esto ya aparece en el misterio trinitario, en el interior de Dios, y se difunde en la historia de la salvación y en nuestra necesidad de dar a otros el bien que hemos recibido.

Así, con estos recuerdos he pensado a menudo en estos días de Nemi que están en mí, como he dicho, parte esencial de la experiencia del Concilio. Soy feliz de ver que vuestra Sociedad florece --el padre general ha hablado de seis mil miembros en muchos países, de muchas naciones--. Claramante el dinamismo misionero vive, y vive solo si existe la alegría del Evangelio, si estamos en la experiencia del bien que viene de Dios y que debe y quiere comunicarse. Gracias por vuestro dinamismo. os auguro para este Capítulo toda bendición del Señor, mucha inspiración: que las mismas fuerzas inspiradoras del Espíritu Santo que nos acompañaron en aquellos días casi visiblemente estén de nuevo presentes entre vosotros y os ayuden a encontrar el camino para vuestra Compañía, así como para la misión del Evangelio ad gentes para los próximos años. Gracias a todos vosotros, el Señor os bendiga. Rezad por mí, como yo rezo por vosotros. ¡Gracias!