El camino de la liturgia atrae hacia la unidad

Subraya el portavoz vaticano

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ROMA, domingo, 15 julio 2007 (ZENIT.org).- Un clarísimo mensaje del Papa «de apertura de los corazones, de acogida recíproca, de reconciliación» acompaña su reciente Motu proprio sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, subraya el portavoz vaticano.



El padre Federico Lombardi S.I. retoma el documento papal hablando de «liturgia y reconciliación» en el último editorial de «Octava Dies», semanario producido por el Centro Televisivo Vaticano del que es director, transmitido por canales de televisión de todo el mundo.

Dos usos del único rito romano para reforzar la reconciliación dentro de la Iglesia: es el objetivo de Benedicto XVI con la promulgación, el 7 de julio, de la Carta Apostólica en forma de «Motu proprio» «Summorum Pontificum» sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970, acompañado de una carta a los obispos de todo el mundo.

El Motu Proprio establece que el Misal Romano promulgado por Pablo VI (procediendo a la reforma litúrgica, en 1970) -y reeditado dos veces por Juan Pablo II- es y permanece como forma normal u ordinaria de la Liturgia Eucarística de la Iglesia católica de rito latino.

Por su parte, el Misal Romano promulgado por San Pío V y editado nuevamente por el beato Juan XXIII (en 1962) podrá ser utilizado como forma extraordinaria de la celebración litúrgica.

«¡Os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que lo están para nosotros. Correspondednos; ... abrios también vosotros»: «Benedicto XVI retoma y hace suyas estas palabras de San Pablo en el punto culminante de su carta de presentación del reciente Motu proprio sobre la liturgia para expresar de la forma más profunda e intensa cuál es el espíritu que le anima, y continúa: “Abramos generosamente nuestro corazón y dejemos entrar todo a lo que la fe misma ofrece espacio”», explica el padre Lombardi en su editorial.

«Como se podía esperar, tras la publicación del documento, ha habido quien, por un lado –considerándose intérprete del Concilio mejor que el Papa-, ha lamentado una traición de la reforma litúrgica de Pablo VI», constata.

Y ha habido «quien, por otro, endureciéndose, ha proclamado haber tenido siempre razón en sus posturas de rechazo de la renovación», añade.

Pero de acuerdo con el padre Lombardi, «la gran parte de los fieles y la totalidad de los obispos han leído y escuchado con atención y espíritu de obediencia, para acoger el significado más cierto de la decisión del Papa, que es un clarísimo mensaje de apertura de los corazones, de acogida recíproca, de reconciliación».

«Tenemos dos formas –una ordinaria y una extraordinaria- de un único rito de celebración de la Misa. El misterio de la muerte y de la resurrección de Cristo es tan grande como para no poder ser identificado de un modo definitivo y exclusivo con una forma o con la otra del rito que lo celebra», subraya el portavoz vaticano.

De ahí que la liturgia sea «un camino continuo, sin fracturas, guiado en la fe y en la caridad por quien tiene la suprema responsabilidad de la unidad en la Iglesia», confirma.

Así que «ni el Misal de Pío V y Juan XXIII –utilizado por una pequeña minoría- ni el de Pablo VI –usado hoy con gran fruto espiritual por la grandísima mayoría- será la última “ley de la oración” de la Iglesia católica», adelanta.

«En el camino de la Iglesia a través de la historia existe también el camino de la celebración litúrgica para que podamos encontrar cada vez mejor al Señor, su muerte y su resurrección, fuente de nuestra vida. Éste es el punto central que nos atrae hacia la unidad», concluye el padre Lombardi.