El cantante Sal Solo evangeliza con música y nuevas tecnologías

Presenta en el Multifestival David la «Missa Anno Domini»

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BURGO DE OSMA, 18 julio (ZENIT.org).- La pequeña ciudad española de El Burgo de Osma fue testigo del 13 al 16 de julio de un espectáculo único: el Multifestival David, que reúne todos los veranos a artistas cristianos provenientes de todo el mucho.



Huéspedes del obispo de Osma-Soria, monseñor Francisco Pérez, los artistas presentaron sus estrenos. El espectáculo estuvo salpicado por momentos de oración, talleres de canto, danza y teatro, seminarios con expertos de la comunicación.

Entre las presentaciones que tuvieron lugar en el Multifestival
(http://www.ciberaula.es/pastoral/multifestivaldavid/) cabe destacar la «Missa Anno Domini» del cantante inglés Sal Solo, estrella del rock que, desde que se convirtió al catolicismo hace diez años, se ha dedicado a la misión evangelizadora a través de la música. Desde hace unos meses, se encuentra en tour por el mundo presentando esta misa multimedial, compuesta con motivo del gran Jubileo del año 2000. «Zenit» le entrevistó en el día de su presentación en El Burgo de Osma.

--Zenit: ¿Por qué componer una misa «multimedial», que, por cierto, no es una misa, sino un espectáculo?

--Sal Solo: Muchos jóvenes en el mundo no quieren ir a misa. Dicen que es aburrida. Los ancianos comentan que esto sucede pues desconocen su contenido. El hecho es que no podemos conocer algo si no es a través del lenguaje que dominamos. Por esto yo me he servido del lenguaje del siglo XXI para comunicar el contenido de la misa: recurro a la música y al vídeo para ilustrar la presencia de Jesús entre nosotros. Se convierte en una «revelación» para muchos, no sólo para los jóvenes. Se dan cuenta de que la misa es memoria viva de la Última Cena y una renovación de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, que sigue hablando y que se encuentra entre nosotros.

--Zenit: ¿Cree que un concierto puede servir para hacer una experiencia cristiana de «comunidad»?

--Sal Solo: Personalmente, cuando hago un concierto cristiano, insisto en que el público participe de verdad. Seguir el ritmo con el batir de palmas y cantar es el paso más sencillo; después pido que cierren los ojos y reflexionen sobre su vida. Y más tarde, durante el concierto, pido que se unan en oración. Esto lo hago sobre todo cuando interpreto la «Missa Anno Domini» en los diferentes países: lo más sorprendente es precisamente la participación intensa de la gente. Se crea un auténtico sentido de comunidad.