El carácter sagrado del domingo

La Misa como centro de la vida cristiana

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ROMA, sábado, 5 marzo 2005 (ZENIT.org).- Ayudar a los cristianos a celebrar el domingo como un día especial es uno de los objetivos del Año de la Eucaristía que la Iglesia está celebrando. En su carta apostólica para este año, «Mane Nobiscum Domine», Juan Pablo II escribía: «Es de desear vivamente que en este año se haga un especial esfuerzo por redescubrir y vivir plenamente el Domingo como día del Señor y día de la Iglesia» (No. 23).



El Papa también invitaba a los sacerdotes durante este año especial, que terminará en octubre de 2005, a que presten mayor atención a la celebración de la misa dominical como un acontecimiento que une a toda la parroquia.

Durante su homilía del pasado 17 de octubre en la Misa que marcaba el comienzo de este especial año, el Pontífice observaba que en el domingo la Iglesia vive de modo especial el misterio de la Eucaristía. Además, a través de la celebración eucarística la comunidad cristiana está llamada a un mayor hermanamiento y servicio a los demás.

Al llamamiento del Santo Padre reforzando la importancia de la Misa dominical ha seguido un encuentro reciente de la Comisión Pontificia para América Latina, que tuvo lugar del 18 al 21 de enero. La comisión publicó una serie de recomendaciones pastorales sobre cómo mantener la Misa dominical como el distintivo característico de la vida cristiana.

Cuando el domingo pierde su especial significado, se ve absorbido en el concepto genérico de «fin de semana», observaba la comisión. Los cristianos, por el contrario, necesitan tener en mente que la Misa del domingo debería ser el corazón de su vida religiosa. La asistencia a la Misa dominical es también un medio importante para asegurar que la Iglesia mantiene su fervor misionero, que se refuerza a través del contacto regular con Jesús en la Eucaristía.

La comisión insistía en la necesidad de dignificar la celebración de la Eucaristía. Esto implica todo, desde los ornamentos utilizados por el sacerdote, pasando por la música empleada en la ceremonia, hasta la forma en que se organiza la liturgia. Esta dignidad se debe salvaguardar incluso en circunstancias con especiales dificultades, como prisiones, asilos de ancianos y hospitales.

El Día del Señor
Otra recomendación se refiere a la necesidad de una participación activa de todos en la celebración. Para asegurar esto, la comisión invita tanto a los sacerdotes como a los laicos a meditar en el significado de la Misa dominical como el momento central del Día del Señor.

La comisión animaba a los sacerdotes a que aumentaran su reverencia en la Misa, reflexionando con sus palabras y actos sobre el gran valor del misterio que celebran. También recomendaba que se dé un cuidado adecuado a la preparación de la homilía del domingo, basando su contenido en las Escrituras, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio.

Para quienes participan de algún modo en la celebración litúrgica como acólitos, lectores, ministros de la Eucaristía..., la comisión pide que se les dé una cuidadosa preparación en el papel que van a llevar a cabo.

Otra forma con la que la comunidad cristiana puede valorar mejor la Misa dominical es a través de una adecuada catequesis. La comisión pedía un esfuerzo creciente para comunicar el valor de la Misa. Parte de esto implica una mayor sensibilización en la conexión entre los sacramentos, por ejemplo, el bautismo, la confirmación y la Eucaristía. Asimismo, se sugiere una mayor participación en el sacramento de la reconciliación para asegurar una digna recepción de la comunión.

La comisión también observaba la importancia de asegurar que toda la familia participa unida en la Eucaristía del domingo. Relacionada con esto está la necesidad de enseñar dentro de la familia la importancia de la Eucaristía.

En Australia e Irlanda
En las últimas semanas, otros países han respondido también al llamamiento del Pontífice a reforzar la Misa del Domingo durante el Año de la Eucaristía.

El 20 de enero una nota de prensa de la Conferencia Episcopal de Australia anunciaba un programa preparado por la Comisión Litúrgica Nacional. La iniciativa tendrá lugar durante los domingos de Pascua y está vinculada a una propuesta de un periodo de devoción eucarística desde el Domingo de la Santísima Trinidad hasta el Corpus Christi.

En la introducción al programa, el presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia, monseñor Kevin Manning, recordó la invitación de Juan Pablo II a los católicos para que dedicasen el presente año a la Eucaristía.

«Los obispos australianos han respondido a la invitación del Santo Padre y presentan ahora el programa, ‘Domingo: Sacramento de la Pascua’, a la Iglesia australiana como un medio para avivar nuestra celebración de la Eucaristía y para impulsar la devoción al Sacramento», escribía Mons. Manning.

En Irlanda, la diócesis de Down and Connor anunciaba hace dos semanas que comenzaría una serie de conferencias en sus parroquias sobre el significado de la Eucaristía, informaba el Irish Independent.

Al lanzar la campaña, monseñor Patrick Walsh advertía que, para mucha gente, el domingo no es sólo un día de familia, a parte del Día del Señor. «El propósito del Año de la Eucaristía es abrir los ojos de nuestra fe para reconozcamos a Cristo de forma más plena al partir el pan, en la Eucaristía, y permanezcamos con Él ante su presencia en el Sacramento Bendito», explicaba.

Victoria de Cristo
Ésta no es la primera vez en que Juan Pablo II insiste en la necesidad de asegurar que el domingo se viva como un día especial para los católicos. En la carta apostólica de 1998, «Dies Domini», observaba que la Iglesia siempre ha dado al Día del Señor una atención especial. En el domingo recordamos la resurrección de Cristo y celebramos su victoria sobre el pecado y la muerte. «Es el día de la evocación adoradora y agradecida del primer día del mundo y a la vez la prefiguración, en la esperanza activa, del «último día», cuando Cristo vendrá en su gloria (Cf. Hechos 1,11; 1 Tesalonicenses 4,13-17) y «hará un mundo nuevo» (Cf. Apocalipsis 21,5)» (No. 1).

El Papa comentaba que hasta hace poco tiempo era más fácil preservar el significado especial del Domingo, porque en la mayoría de los países cristianos era practicado prácticamente por toda la población y formaba parte de la sociedad civil. Ahora, sin embargo, el domingo se sumerge en una serie de actividades culturales y deportivas que pueden llevar a perder de vista el significado espiritual del día.

«A los discípulos de Cristo se pide de todos modos que no confundan la celebración del domingo, que debe ser una verdadera santificación del día del Señor, con el "fin de semana", entendido fundamentalmente como tiempo de mero descanso o diversión» añadía el Papa (No. 4).

Esto requiere una mayor madurez espiritual y que los cristianos actúen de acuerdo con su fe. El domingo debería ser un día que estuviera en el corazón de la vida cristiana, animaba el Papa. «¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! Sí, abramos nuestro tiempo a Cristo para que él lo pueda iluminar y dirigir» (No. 7).

Además, añadía: «El tiempo ofrecido a Cristo nunca es un tiempo perdido, sino más bien ganado para la humanización profunda de nuestras relaciones y de nuestra vida». Una lección que el Papa espera que muchos aprendan en este año dedicado a la Eucaristía.