El cardenal Arinze recuerda que el obispo es custodio de la liturgia

En un seminario de estudio para 118 nuevos obispos en tierras de misión

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 21 septiembre 2004 (ZENIT.org).- «El encargo de santificar a través de la santa liturgia constituye la cumbre del servicio que el obispo está llamado a ejercer en la Iglesia en nombre de Cristo», recordó el cardenal Francis Arinze el viernes pasado ante 118 prelados recientemente nombrados en tierras de misión.



De hecho, «las diferentes obras de apostolado de la Iglesia (...) tienen como objetivo común» «que la gente crea en Cristo, sea bautizada y partícipe en las celebraciones litúrgicas, sobre todo en el sacrificio y sacramento de la Eucaristía», recalcó el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Procedentes de 34 naciones de África, Asia, América y Oceanía, los nuevos obispos han participado en un seminario de estudio de dos semanas promovido por la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos.

En su intervención ante los asistentes, el cardenal Arinze apuntó que el obispo, «en cuanto primer dispensador de los misterios de Dios en la Iglesia particular que le ha sido confiada», es el moderador, promotor y custodio de la vida litúrgica en su diócesis, cita «Fides».

Es deber del obispo, por lo tanto, suscitar en los sacerdotes, diáconos y en los laicos «un auténtico sentido litúrgico» para que participen consciente, activa y provechosamente en la celebración eucarística, señaló el purpurado nigeriano.

Igualmente subrayó que corresponde al obispo velar para que las celebraciones litúrgicas se desarrollen con la debida dignidad, sin añadidos, supresiones o modificaciones, a fin de producir los máximos frutos de santificación en la diócesis.

Y puesto que «en la promoción de la santificación del pueblo de Dios, los sacerdotes son los que se asocian más estrechamente al obispo diocesano», el purpurado incidió en la necesidad de asegurar una adecuada formación litúrgica en los seminarios y en los institutos religiosos, así como en la importancia de una formación permanente.

En este contexto, exhortó a prestar atención a la preparación de la homilía, «que es el instrumento principal de la formación religiosa para la mayor parte de los católicos durante la semana».

Igualmente aludió al papel especial de la iglesia catedral, «lugar rico de significado, simbolismo e importancia» en el que el obispo tiene su «cátedra», y en la necesidad de preparar al pueblo de Dios para una participación fructífera en la liturgia.

En cuanto a la inculturación, el cardenal Francis Arinze recalcó que ésta debería ser considerada como «un fenómeno normal en el marco de la evangelización», si bien llamó a seguir las indicaciones de la Santa Sede, evitando «los cambios frecuentes o la introducción de ritos no aprobados, según la fantasía del celebrante», que contradicen la sensibilidad del pueblo de Dios.

Una solemne concelebración eucarística presidida por el cardenal Crescenzio Sepe –prefecto del dicasterio misionero-- en la Basílica Vaticana, sobre la tumba del Apóstol Pedro, puso punto final el sábado pasado a este seminario de estudio. «¡Sed obispos santos para poder ser forjadores de santos en este nuevo milenio!», exhortó el purpurado a los participantes.