El cardenal Bagnasco defiende el derecho a exponer el crucifijo

“No es una imposición y no excluye a nadie”

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ROMA, viernes 25 de junio de 2010 (ZENIT.org).- En una carta enviada a Claudio Zucchelli, consejero de Estado, jefe del departamento de Asuntos Jurídicos y Legislativos de la Presidencia del Consejo de Ministros de Italia, además de presidente de la asociación Humanismo cristiano, que ha organizado la mesa redonda Valores y derecho. El caso del crucifijo, el cardenal Angelo Bagnasco ha querido enviar “una particular expresión de aprecio y participación”.

La mesa redonda, patrocinada por la Presidencia del Consejo de Ministros, tuvo lugar este miércoles en Roma, en el Consejo Nacional de Bienes Culturales.

Ante la inminente decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la exposición del crucifijo en los lugares públicos, “parece oportuno reclamar la atención de la opinión pública sobre la importancia que reviste la exposición del crucifijo en las escuelas en relación a los sentimientos religiosos de la gente y las tradiciones de las naciones de Europa”, destacó el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI).

En este sentido, el purpurado, arzobispo de Génova, se refirió a la Declaración sobre la cuestión de la exposición de los símbolos religiosos cristianos, emitida por la presidencia de la CEI el 16 de junio.

En ella se destaca, entre otras cosas, que esa exposición “no se traduce en una imposición y no tiene valor excluyente”.

Sin embargo, “expresa una tradición que todos conocen y reconocen en su alto valor espiritual, y como signo de una identidad abierta al diálogo con toda persona de buena voluntad, de apoyo a los necesitados y a los que sufren sin distinción de fe, etnia o nacionalidad”.

“La laicidad -destacó el cardenal Bagnasco- no comporta la exclusión de los símbolos religiosos de los lugares públicos como escuelas, tribunales, hospitales, cárceles”.

“Al contrario -añadió-, como nos enseña el Papa Benedicto XVI, la 'sana laicidad' comporta que el Estado no considere la religión como un simple sentimiento individual, que se puede relegar sólo al ámbito privado, sino como presencia comunitaria pública”.

“Esto no es una expresión de laicidad, sino su degeneración en laicismo, la hostilidad hacia toda forma de relevancia política y cultural de la religión, hacia la presencia, en particular, de todo símbolo religioso en las instituciones públicas”, continuó el purpurado citando al Papa.

“Desde este enfoque -concluyó el presidente de la CEI-, reconocer la legitimidad y el valor de la exposición del crucifijo significa garantizar el respeto a la libertad religiosa y a las tradiciones de la gente, en armonía con el principio de subsidiariedad que preside las relaciones entre Estados e instituciones europeas”.

[Por Antonio Gaspari, traducción del italiano por Patricia Navas]