El cardenal Bertone presenta el ejemplo de santidad del cardenal argentino Eduardo Pironio

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 febrero 2007 (ZENIT.org).- «Hombre de Dios», que «irradiaba la santidad de Dios en la Iglesia». Con estas palabras recordó este martes el cardenal Tarcisio Bertone, S.D.B., al cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio, en proceso de beatificación.



El secretario de Estado del Papa presidió una celebración eucarística, en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma, con motivo de una jornada de estudio sobre la figura y obra de una de las figuras latinoamericanas más importantes para la Iglesia en el siglo XX.

El cardenal Pironio, artífice junto a Juan Pablo II de las Jornadas Mundiales de la Juventud, falleció en Roma el 5 de febrero de 1998 y en el 23 de junio de 2006 se inició en esta ciudad el proceso de beatificación. Sus restos descansan en el santuario nacional mariano de Argentina en Luján.

«Que la luz de esta santidad, reflejada en el rostro y en la vida de testigos como el cardenal Pironio, siga resplandeciendo e iluminando nuestro camino», deseó el purpurado al presidir la Eucaristía en la institución universitaria dirigida por los Legionarios de Cristo.

«Y nosotros esperamos que la misma Iglesia reconozca su santidad y la proponga como ejemplo de vida», afirmó.

El cardenal Pironio nació el 20 de diciembre de 1920 en la ciudad de 9 de Julio y se ordenó sacerdote en 1943.

Fue obispo de Mar del Plata, secretario y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y presidente del Consejo Pontificio para los Laicos.

Desde ese dicasterio vaticano fue el organizador de la primera Jornada Mundial de la Juventud (1986).

«Su vida nos presenta la imagen de un ministro de Cristo celoso, santo y generoso», afirmó el cardenal Bertone.

«Hizo de su existencia un acto de amor a Dios y a los hermanos, acto de amor siempre apoyado en una fe inquebrantable y en una gozosa esperanza», recalcó.

El cardenal Pironio mantuvo una gran cercanía espiritual con sor Lucía, la vidente de Fátima. En el cónclave de 1978 en el que fue elegido Papa Karol Wojtyla, fue considerado como uno de los «papables».