El cardenal Koch evoca un ecumenismo de los mártires

En su intervención en el encuentro de oración por la paz de Munich

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MÜNICH, viernes 16 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).– Mientras que los cristianos viven en este mundo en una “comunión todavía imperfecta”, los mártires se encuentran “en la gloria celestial” en una perfecta comunión. Por eso ahora debemos “vivir en la esperanza de que la sangre de los mártires de nuestro tiempo se volverá un día semilla de la plena unidad del Cuerpo de Cristo”.

Lo afirmó el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el cardenal Kurt Koch, al intervenir, el 12 de septiembre, en el encuentro internacional de oración por la paz organizado en Munich por la Comunidad de San Egidio y la arquidiócesis de Munich y Freising sobre el tema Destinados a vivir juntos. Religiones y culturas en diálogo.

Tomando la palabra en una mesa redonda titulada Unidad de los cristianos, amor de los pobres, el prelado recordó que la fe cristiana es hoy la más perseguida. Según la Internationale Gesellschaft für Menschenrechte (Organización internacional para los derechos humanos), el 80% de los perseguidos a causa de su fe son cristianos.

“Este balance desconcertante” es “un gran desafío para el ecumenismo cristiano, llamado a manifestar una solidaridad real”, afirmó el cardenal.

“Ya que hoy en día todas las Iglesias y las comunidades eclesiales cristianas tienen sus mártires, debemos hablar de un verdadero ecumenismo de los mártires que recoge en sí una bella promesa: a pesar del drama de las divisiones entre las Iglesias, estos sólidos testimonios de la fe han mostrado que Dios mismo mantiene entre los bautizados la comunión de fe testimoniada por el sacrificio supremo de la vida a un nivel más profundo”.

“Mientras que nosotros, como cristianos y como Iglesias, vivimos en esta tierra en una comunión todavía imperfecta, los mártires en la gloria celestial se encuentran ahora en una comunión plena y perfecta”, explicó.

Los mártires, afirmó citando a Juan Pablo II, son, por tanto, “la prueba más significativa de que cada elemento de división puede ser trascendido y superado en el don total de uno mismo a la causa del Evangelio”.

El ecumenismo de los mártires confirma lo que creía Tertuliano, doctor de la Iglesia: “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

“Todavía hoy, como cristianos, debemos vivir en la esperanza de que la sangre de los mártires de nuestro tiempo se hará un día semilla de la plena unidad del Cuerpo de Cristo”, afirmó.

Y continuó: “Pero esta esperanza, debemos testimoniarla de manera creíble con la ayuda eficaz proporcionada a los cristianos perseguidos en el mundo, denunciando públicamente las situaciones de martirio y con un compromiso a favor del respeto a la libertad religiosa y la dignidad humana”.

El cardenal Koch concluyó afirmando que “el ecumenismo de los mártires no constituye sólo el núcleo de la espiritualidad ecuménica, necesaria hoy, sino que también es el mejor ejemplo de que la promoción de la unidad de los cristianos y el amor preferencial por los pobres son absolutamente indisociables”.

Por Marine Soreau, traducción del francés por Patricia Navas