El cardenal Poupard destaca la alegría de la debilidad en su jubileo sacerdotal

El presidente del Consejo Pontificio de la Cultura hace confidencias

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 21 mayo 2004 (ZENIT.org).- El cardenal Paul Poupard reconoce que, tras cincuenta años de sacerdocio y veinticinco de episcopado, ha experimentado que la comprensión de la fe es sobre todo una gracia que reciben los pobres en el espíritu.



El purpurado francés, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, celebró este día el doble jubileo encontrándose en la mañana con Juan Pablo II. En la tarde, celebró una eucaristía de acción de gracias en la Basílica de Santa María en Trastévere, en Roma.

El cardenal, que ha sido colaborador cercano de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan Pablo II, reconoce que en estos años su «fe ha crecido de tal manera que me atrevería a dar esta definición, no ciertamente teológica, sino del corazón: la fe, para mí, es cada vez más la esperanza en el amor, incluso a través del dolor».

«He comprendido cada vez mejor la alegría de santa Teresita de Lisieux, cuando se siente débil, cuando se siente tan pequeña. ¿Qué puede hacer? Comprende que la escalera de la vida es demasiado pequeña para una niña tan pequeña. Entonces, tomará el ascensor, es decir, los brazos de Jesús. Yo trato de hacer lo mismo», confiesa en declaraciones transmitidas por «Radio Vaticano».

Recientemente, sigue reconociendo, ha recitado muchas veces las bienaventuranzas, lo que le ha permitido «tocar con la mano una bienaventuranza paradójica, es decir, que la inteligencia de la fe se ofrece, como dice Jesús, a los pobres, a los pobres en el espíritu, a los afligidos, a los mansos, a quienes tienen hambre de sed y de justicia, a los misericordiosos, a los puros de corazón, y a los agentes de paz».

«La alegría es verdaderamente la primera y la última palabra del Evangelio, y nuestro mundo tiene una gran necesidad de ella», añade.

«No dejo de aprender de mis colaboradores, de las personas con las que me encuentro, de todos los obispos del mundo, y sobre todo de los enfermos», confiesa.

Por lo que se refiere a la situación cultural actual, el cardenal la ve «como un auténtico campo de batalla, en el que no hay coherencia, en el que se encuentran contradicciones continuas». Sin embargo, añade, «nosotros tenemos en el Evangelio el hilo conductor».

En este contexto, el mensaje cristiano adquiere una importancia vital, concluye: «Debemos amar más que nunca a Jesucristo. Nadie puede vivir sin amar y ser amado».

El cardenal Poupard nació en Francia, en Bouzillé (diócesis de Angers), el 30 de agosto de 1930. Licenciado en Teología y en Historia en la Universidad de la Sorbona, tras un año como oficial del Centro Nacional (francés) de Investigación Científica, en 1959 pasó a trabajar como oficial de la Secretaría de Estado del Vaticano.

En 1979 fue nombrado obispo auxiliar de París. En 1980, Juan Pablo II le nombró presidente del Secretariado para los No Creyentes y dos años después le nombró presidente del recién creado Consejo Pontificio para la Cultura. Es cardenal desde el 25 de mayo de 1985.