El cardenal Rodríguez Maradiaga, doctor «honoris causa» de la Universidad de Urbino

Pide que educar en el compromiso político al servicio de las personas

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URBINO, miércoles, 17 enero 2007 (ZENIT.org).- El cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga S.D.B., arzobispo de Tegucigalpa, hizo un llamamiento educar en el compromiso político al servicio de las personas al recibir el 16 de enero el doctorado «honoris causa» en ciencias políticas de parte de la Universidad Carlo Bo de Urbino.



El purpurado recogió su propuesta en el título de su «lectio magistralis»: «Educar hoy en el compromiso a favor de una política al servicio del ciudadano».

«El compromiso social de la Universidad tiene que reforzarse hoy, tiene que encontrar un nuevo significado, ya que creemos que el compromiso radical de la Universidad con respecto a la educación del hombre no puede eludir una posición crítica ante las políticas de injusticia y desigualdad», constató.

«Esto tiene que seguir siendo un problema fundamental en toda universidad», explicó a los estudiantes y profesores de esa institución académica que comienza su sexto centenario de vida.

«En un mundo cada vez más vacío de valores espirituales, ante una realidad cada vez más hostil ante la solidaridad y ante el compromiso hacia los demás, ante un sistema educativo desviado hacia el individualismo y la manipulación», el cardenal hizo un llamamiento a «rescatar al ser humano».

Se trata, aclaró, de redescubrir «al ser humano que está detrás de cada estudiante, de cada profesor, para volver a darle el control supremo de la propia existencia, especialmente a nivel intelectual y sobre todo espiritual».

Por lo que se refiere a las opciones políticas, aclaró, éstas «deben siempre enraizarse en la caridad y tender a la búsqueda del bien común»

«Sabemos que las instancias de la fe cristiana difícilmente se pueden encontrar en una única posición política: pretender que un partido o una formación política correspondan completamente a las exigencias de la fe y de la vida cristiana genera equívocos peligrosos», advirtió.

«El estudiante universitario cristiano no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia», siguió subrayando.

«Su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre», aclaró.

Por ello, concluyó recordando que la Universidad, «alma mater», «madre», tiene el deber de educar a los jóvenes «en estos principios y en este camino», expuesto particularmente en el «Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia».