El cardenal Rodríguez Maradiaga invita a llevar la ética a la economía

Ante la reunión del G20 prevista en Londres para el 2 de abril

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 31 de marzo de 2009 (ZENIT.org) .- El cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas Internationalis, ha instado a recuperar el aspecto ético de la economía, considerando que la actual crisis mundial "se ha producido porque la ética ha sido marginada en la búsqueda de una mayor riqueza de unos pocos poderosos”.

“Podemos afrontar esta crisis volviendo a caer en la fracasada globalización de la avaricia o verla en cambio como una oportunidad para crear una globalización basada en la solidaridad, la justicia y la paz”, dijo, según un comunicado de Caritas enviado a ZENIT.

“Los pobres -los menos responsables de la crisis económica- se enfrentan a enormes dificultades para afrontar esta situación", reconoció. "Mientras se encuentran billones de dólares para ayudar al sistema bancario, resulta moralmente injustificable que algunos países ricos hayan reducido los fondos destinados a la ayuda. La crisis económica no debe distraer a los países ricos de su deber de ayudar a los países en vías de desarrollo”.

La crisis, añadió el Cardenal Rodríguez Maradiaga, no puede "distraer al G20 para encontrar una solución justa y adecuada al cambio climático".

Si no se produce una reducción tajante de las "emisiones de gases, advirtió, “el cambio climático tendrá, a largo plazo, efectos mucho más devastadores que la crisis económica”. “Podemos salvar los bancos, pero el clima no puede ser salvado”, añadió.

Ante esta situación, Caritas insta al G20, ante su reunión prevista para el 2 de abril en Londres, a poner a los pobres en el centro de una reforma para construir una nueva economía basada en la justicia y la igualdad.

El G20 es un grupo de países industrializados y en vías de desarrollo que busca políticas coordinadas para afrontar la recesión mundial, así como debatir la reforma de instituciones financieras internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Según Caritas, la crisis económica tendrá impacto sobre todo en las poblaciones pobres. En los países en vías de desarrollo, por lo menos 53 millones de personas traspasarán el umbral de la pobreza a causa de la situación actual. El año pasado, el aumento del precio de los alimentos y los combustibles provocó un aumento del número de pobres, de entre 135 y 150 millones.

Caritas pide una reforma de la ONU, el FMI y el Banco Mundial para garantizar una mayor participación de los países más desfavorecidos en la toma de decisiones. Para ello, insta al G20 “a apoyar decididamente la conferencia de alto nivel de las Naciones Unidas sobre el impacto de la crisis sobre el desarrollo, que se celebrará del 1 al 4 de junio”.

La organización también advierte que “los recursos financieros para el desarrollo son más necesarios que nunca”. En este contexto, “Caritas quiere que los países donantes mantengan su compromiso de dedicar el 0,7% de su PIB a la ayuda internacional”.

Del mismo modo, pide que se creen “políticas para el comercio justo y la reducción de la deuda y se tomen medidas para movilizar los recursos financieros nacionales en los países en vías de desarrollo”.

“Resulta decisivo por tanto buscar un nuevo sistema de participación internacional para la redistribución de la riqueza mediante la creación de impuestos internacionales para financiar los bienes públicos globales y la aplicación de adecuadas políticas fiscales a nivel nacional”.

La evasión fiscal y los flujos ilegales de capital cuestan cada año a los países pobres entre 350 y 500 millones de dólares, advierte Caritas.

También pide al G20 que imponga sanciones contra los paraísos fiscales y los que explotan, que apoye la adopción de un código de conducta para la cooperación en la lucha contra los flujos ilícitos de capital y la evasión fiscal, y que exija la transformación de la Comisión de Tributación de las Naciones Unidas en un órgano intergubernamental.

Caritas quiere “una mayor transparencia en los pagos y las tasas pagadas por las empresas a los gobiernos a través de una reforma de la norma internacional de contabilidad que obligue a las empresas a hacer pública esta información, país por país”.

Esto, concluye, “es necesario para crear un impacto positivo en las comunidades pobres y en sus ambientes locales”.

[Traducción del italiano por Patricia Navas]