El cardenal Ruini, enviado especial del Papa a Hungría

Congreso Internacional para la nueva evangelización

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CIUDAD DEL VATICANO/BUDAPEST, martes, 10 julio 2007 (ZENIT.org).- El cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la diócesis de Roma, ha sido nombrado por Benedicto XVI enviado especial para las celebraciones de clausura de la Misión Ciudadana que tendrá lugar en Budapest (Hungría) del 16 al 22 de septiembre.



Las misiones ciudadanas europeas que se han celebrado en Viena en 2003, París 2004, Lisboa 2005 y Bruselas 2006, culminan con el congreso húngaro para la nueva evangelización.

El tema del congreso de Budapest se inspira en el profeta Jeremías: “Os daré un porvenir de esperanza” (Jr 29, 11).

Jeremías profetiza en este versículo: “Porque bien sé los planes que tengo para vosotros, oráculo del Señor; planes de paz y no de desgracia, de daros un porvenir lleno de esperanza”.

Cada mañana tendrá lugar en la basílica de San Esteban de Budapest una gran asamblea de oración, así como conferencias y testimonios sobre la misión hoy.

Por la tarde y por la noche, se organizarán encuentros en talleres en torno a experiencias de evangelización y se propondrá una participación en las iniciativas misioneras de la ciudad.

El logotipo del encuentro representa la cruz, pero también un puente. En efecto, San Gerardo fue arrojado al Danubio poco después de la muerte de San Esteban, a raíz de las invasiones bárbaras. Desde entonces, los cristianos de este país han tenido que testimoniar continuamente su fe, a menudo con sufrimiento.

El puente sobre el Danubio –que se encuentra en el logotipo para Budapest 2007- es, explica el sitio del encuentro, “símbolo de la ciudad, del anclaje de Hungría en Europa”. Es también “el símbolo del río y de su vida, incluida la que ha nacido de los mártires que fueron arrojados a él”.

Es también -prosigue- “el símbolo de la reconciliación entre los componentes de la sociedad, que han conocido varias rupturas en la historia, con lo que hemos descubierto que la unidad no dependía de la política o de nuestros únicos esfuerzos sino de Cristo, única fuente de unidad”.

Ninguna de las iglesias de Viena, París, Lisboa y Bruselas han sido, como la de Budapest, fundadas y nutridas por sus mártires: desde las grandes invasiones a las ocupaciones, desde las diversas persecuciones a lo largo de los siglos hasta la dictadura comunista.

Durante la misión en Budapest, una jornada en Esztergom, capital histórica y espiritual de Hungría, permitirá celebrar esta historia “para mejor ser, a nuestra vez, testigos del amor y la paz de Dios”.

La Iglesia de Hungría festeja en 2006-2007 varios jubileos, después de los 50 años de la Revolución (1956-2006).

El año 2006 ha sido el de la beatificación de Sára Salkaházi, en la catedral de San Esteban de Budapest, el 17 de septiembre, tras una celebración presidida por el cardenal Peter Erdö.

Los otros tres jubileos son: el VIII centenario del nacimiento de Santa Isabel de Hungría; el 550º aniversario de la victoria de János Hunyadi sobre los turcos: en esta ocasión, los relojes sonaron largo tiempo el 22 de julio de 2006, y tuvo lugar una misa el 6 de agosto en Kalocsa; los mil años del nacimiento de San Emerico (1007-1031) (o Enrique, joven príncipe muerto a los 24 años, hijo del rey santo Esteban de Hungría): se celebró una misa el 18 de agosto de 2006, en Székesfehérvár.

Con un poco más de diez millones de habitantes, se calcula que Hungría cuenta con un 98% de cristianos: el 64% católicos, 25% calvinistas, 8% luteranos y menos del 1% ortodoxos.

Según un informe de “Ayuda a la Iglesia Necesitada”, la Iglesia en Hungría trata de dotarse de instrumentos adecuados de evangelización en una sociedad muy secularizada, donde la práctica religiosa es de 12 a 13%, aunque según el último censo en torno al 75% de los húngaros declaran una pertenencia cristiana.

“Bajo el comunismo, era difícil ser cristiano. Hoy, se ha hecho mucho más complicado”, declaró en 2004 el cardenal Peter Erdö, primado de Hungría y arzobispo de Budapest-Esztergom, evocando los obstáculos a la evangelización en una sociedad húngara post-comunista, liberal y muy secularizada.

El país pertenece a la Unión Europea desde el 1 de mayo de 2004, y la libertad religiosa, garantizada por la Constitución, es completa.