El cardenal Sepe traza los desafíos para 118 obispos en tierras de misión

Comienza el seminario de estudio para prelados de África, Asia, América y Oceanía.

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 7 septiembre 2004 (ZENIT.org).- La urgencia de la animación misionera, la formación, la inculturación, el diálogo interreligioso y el triple fenómeno del nacionalismo, tribalismo y castismo son los desafíos que aguardan a 118 obispos recientemente nombrados en países que dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.



Así lo advirtió el lunes el cardenal Crescenzio Sepe al abrir seminario de estudios del dicasterio que preside, en el que participan obispos de naciones de lengua francesa, española y portuguesa de África, Asia, América y Oceanía.

«La animación misionera» es «una primera urgencia a la que nuestro dicasterio siente el deber de dar una repuesta adecuada», explicó el purpurado ante los obispos.

«Todo miembro del pueblo de Dios debe sentir la misión de anunciar a Jesucristo como parte fundamental de su vida cristiana», una tarea que corresponde «en modo especial» a los obispos, «sucesores de los Apóstoles», que han «recibido un especial mandato de Cristo de ir a todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura», recalcó.

«Dificultades de naturaleza política, social y económica» dificultan la «primera evangelización» --admitió--, pero «la fuerza del Espíritu nos empuja a ir, también donde hay peligros de persecución y de muerte».

«Formación para todos» --«sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas, laicos, catequistas»-- «en los territorios de misión» es otra «prioridad» y «el programa que el Santo Padre ha confiado a toda la Iglesia con ocasión del Gran Jubileo», recalcó el purpurado ante los 118 prelados.

Por otro lado, el «particular contexto religioso y cultural» de los países de procedencia de los obispos convocados al seminario de estudios hace de la «inculturación y del diálogo interreligioso» otro «campo muy delicado en el que nuestro dicasterio misionero pide vuestra colaboración», les dijo el cardenal Sepe.

En este contexto, recordó que la inculturación «es un proceso mediante el cual la catequesis se encarna en las diferentes culturas, a través, por una parte, de la íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante su integración en el cristianismo, y por otra, en la radicación del cristianismo en las diferentes culturas».

También aclaró el purpurado que «la tarea urgente del diálogo interreligioso es la de abrir el camino al anuncio de Cristo Camino-Verdad-Vida»

El cardenal Sepe reconoció además la preocupación del dicasterio ante el «triple fenómeno del nacionalismo, del tribalismo y del castismo» por «la gravedad que representa en sí mismo» y «por las consecuencias que comporta en el plano de la evangelización».

Y es que «poner, como alguno ha dicho, la sangre y la pertenencia al grupo, a la tribu o a la casta, antes o por encima de la pertenencia a la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, significa contradecir la propia fe y negar uno de los puntos fundamentales del Evangelio de Cristo», que «vino para derribar todos los muros de enemistad que separan a los hombres».

«Rechazad con fuerza estas tentaciones que serpentean en la cultura y en la praxis de algunas naciones –pidió el purpurado a los prelados--; predicad con insistencia y valor contra estas formas de divisiones que oscurecen el rostro auténtico de Cristo y de la Iglesia y causan divisiones».

Aludiendo a los peligros que enfrenta la Iglesia, el cardenal Crescenzio Sepe citó las sectas, que «invaden la viña del Señor destruyendo cuanto, con fatiga y amor, habéis sembrado».

Igualmente aludió al «fuerte crecimiento y expansión del Islam», que «sobre todo con su expresión más extremista y radical pone en peligro la existencia y supervivencia del cristianismo».

La competencia de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos abraza «toda la actividad eclesial que se desarrolla en los países de misión: desde el nombramiento de los obispos a la formación en los seminarios, vida y ministerio de los sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y catequistas, con todas las consecuencias, también de orden económico, que esto implica».

En cuanto al aspecto geográfico-territorial, la competencia del dicasterio –al que están sujetos los territorios de misión-- «se extiende a casi toda África y Asia, Oceanía --sin Australia--, algunas Iglesias de Canadá septentrional y de América Latina, además de algunas regiones de Europa, entre ellas Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Albania, Macedonia, Gibraltar, Kazajstán, Azerbaiyán, Mongolia, etc.».

A finales de 2002 las circunscripciones eclesiásticas dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos eran 1086, casi el 39% de la presencia de la Iglesia universal en el mundo.

Pero «hoy, igual que ayer, nacen nuevas realidades misioneras –alertó el cardenal Sepe--. A las clásicas zonas no cristianas se unen realidades socio-culturales que parecen haber renunciado al patrimonio evangélico».

Éstas «son las nuevas plazas en las que es urgente proclamar la buena noticia del Reino; son los nuevos retos de la Iglesia del Tercer Milenio; son vuestros desafíos. Sois vosotros, obispos, los constructores de esta Iglesia que ha iniciado un nuevo milenio en su historia», concluyó.