El Compendio del Catecismo podría reformular conceptos como el de «guerra justa»

Habla el cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

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ROMA, 2 mayo 2003 (ZENIT.org-Avvenire).- En dos años podría estar listo el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, una síntesis de gran ayuda en un momento en que «la ignorancia religiosa es tremenda» y que podría presentar variaciones en los argumentos sobre la guerra justa y la pena de muerte.



Así lo explica en esta entrevista el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El pasado 7 de marzo la sala de prensa de la Santa Sede hizo pública la carta en la que Juan Pablo II pedía al purpurado que presidiera una comisión especial para preparar un Compendio del Catecismo de la Iglesia católica.

En la práctica, la comisión, ayudada por un comité de redacción, deberá redactar una síntesis esencial y completa del voluminoso Catecismo de la Iglesia católica, publicado en 1992 y difundido a través de ocho millones de copias en el mundo.

--Eminencia, ¿por qué un Compendio del Catecismo? El texto publicado en 1992, ¿es demasiado pesado?

--Cardenal Ratzinger: El deseo de un Catecismo breve nació inmediatamente después de la publicación del extenso. La edición de 1992 es un punto de referencia importante para saber qué enseña la Iglesia, y por esto es útil también para los no católicos. Por otro lado, sin embargo, resulta demasiado voluminoso especialmente para el simple uso catequístico. De aquí la necesidad de una síntesis –en una forma breve, sencilla y clara— de lo que es esencial y fundamental en la fe y la moral católica. Mientras, se han publicado diferentes intentos en este sentido. Diría que ninguno lo ha conseguido. Finalmente, en el Congreso internacional celebrado en el Vaticano el pasado octubre –con ocasión de los diez años del Catecismo— fue expresado este deseo al Santo Padre. Y el Papa dio su consentimiento.

--Sin embargo, como afirmó el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, la propia idea de catecismo se rechaza con mucha frecuencia «al menos en los países germanófonos y sobre todo en el ambiente oficial de la catequesis»...

--Cardenal Ratzinger: Es cierto; existe cierta aversión hacia cualquier intento de «cristalizar» en palabras una doctrina, en nombre de una flexibilidad, y hay cierto antidogmatismo que está vivo en muchos corazones; y especialmente el movimiento catequístico post-conciliar acentuó el aspecto antropológico de la cuestión y creyó que un catecismo, siendo demasiado doctrinal, sería un impedimento al necesario diálogo con el hombre de hoy.

Nosotros estamos convencidos de lo contrario. Para dialogar adecuadamente es necesario saber de qué tenemos que hablar. Es necesario conocer la sustancia de nuestra fe. Por ello, un catecismo es actualmente más necesario que nunca.

--¿Incluso a la luz del «resultado catastrófico de la catequesis moderna» que usted denunció hace algunos años?

--Cardenal Ratzinger: Es un hecho. Sin ánimo de condenar a nadie, es evidente que hoy la ignorancia religiosa es tremenda; basta con hablar con las nuevas generaciones... En el post-Concilio evidentemente no se consiguió transmitir concretamente los contenidos de la fe cristiana.

--¿Cuáles serán los criterios generales con los que se hará el Compendio? ¿Se estructurará en preguntas y respuestas?

--Cardenal Ratzinger: Aún lo estamos reflexionando; parece que se encamina hacia el sistema de pregunta y respuesta, que se utiliza también fuera de la Iglesia católica, pero no pretendo profetizar, porque el proyecto se trasladará a todos los cardenales y a los presidentes de las Conferencias episcopales y dependemos mucho también de sus reacciones.

El Compendio no será un Compendio de la fe católica, sino el Compendio del Catecismo de 1992, al que deberá ser fiel. Al mismo tiempo, el Compendio deberá tener características de legibilidad que lo hagan verdaderamente accesible a muchos.

--Si se volviera a la fórmula pregunta-respuesta, representaría una recuperación de la metodología del Catecismo de San Pio X...

--Cardenal Ratzinger: A decir verdad, también los catecismos de la época de la Reforma, tanto los católicos como los de Martín Lutero, empleaban este método. En efecto, el hombre tiene sus preguntas y la fe se presenta como respuesta a estos interrogantes. Por lo tanto, precisamente en un período como el actual, en el que el diálogo se considera justamente esencial en la educación en la fe y en la relación entre los diferentes grupos humanos, me parece natural que el método dialogístico pregunta-respuesta encuentre aplicación en un libro como el Compendio.

--A propósito del Catecismo de San Pio X, que sigue teniendo simpatizantes, ¿con la publicación del Compendio hay que considerarlo definitivamente superado?

--Cardenal Ratzinger: La fe como tal siempre es idéntica. Por lo tanto, el Catecismo de San Pio X conserva siempre su valor. Puede cambiar sin embargo el modo de transmitir los contenidos de la fe. Y en consecuencia se puede cuestionar si el Catecismo de San Pio X puede en este sentido considerarse aún hoy válido. Creo que el Compendio que estamos preparando puede responder mejor a las exigencias de hoy. Pero esto no excluye que pueda haber personas o grupos que se sientan más a gusto con el Catecismo de San Pio X. No hay que olvidar que aquel Catecismo procedía de un texto que fue preparado por el propio Papa cuando era obispo de Mantua. Se trataba de un texto fruto de la experiencia catequística personal de Giuseppe Sarto y que tenía los rasgos de sencillez de exposición y de profundidad de contenidos. También por esto el Catecismo de San Pio X podrá tener amigos en el futuro. Pero ello no hace superfluo nuestro trabajo...

--Volvamos al Compendio. ¿Cuándo podría estar listo?

--Cardenal Ratzinger: Es difícil preverlo. Tenemos que preparar un texto que después habrá que someter a la valoración de todos los cardenales del Sacro Colegio y de todos los presidentes de las conferencias episcopales. En cualquier caso, si todo va bien, el Compendio debería estar preparado en dos años.

--Una vez publicado, ¿deberá ser normativo para todos los catecismos de las conferencias episcopales?

--Cardenal Ratzinger: El texto será normativo en lo relativo a los contenidos doctrinales, que son los del Catecismo de 1992, mientras que ofrecerá sugerencias en cuanto al método, visto que en este campo hay que dejar una gran libertad porque los contextos sociales y culturales en la esfera católica son muy diferentes entre sí. Respetando los contenidos esenciales de la fe, cierta flexibilidad metodológica siempre es necesaria en la catequesis.

--En cuanto a dos temas, pena de muerte y guerra justa, ¿es posible que haya evolución respecto a como fueron tratados en 1992?

--Cardenal Ratzinger: En efecto, sobre la cuestión de la pena de muerte, entre la primera edición del Catecismo de 1992 y su edición típica en latín –publicada en 1997--, hubo una notable evolución. La sustancia permaneció idéntica, pero la estructuración de los argumentos se desarrolló en sentido restrictivo. No excluyo que sobre estos temas pueda haber variaciones en el tipo de argumentaciones y que en las proporciones de diferentes aspectos de los problemas pueda haber variaciones. Excluiría cambios radicales.

--Eminencia, una pregunta de actualidad en cierto modo inherente al Catecismo. ¿La guerra angloamericana contra Irak entra en los cánones de la «guerra justa»?

--Cardenal Ratzinger: El Papa expresó con gran claridad su pensamiento, no sólo como pensamiento individual, sino como pensamiento de un hombre de conocimiento en las funciones más elevadas de la Iglesia católica. Ciertamente, no impuso esta postura como doctrina de la Iglesia, sino como llamamiento de una conciencia iluminada por la fe. Este juicio del Santo Padre es convincente también desde un punto de vista racional: no había motivos suficientes para desencadenar una guerra contra Irak. Sin contar, además, con que tendríamos que comenzar por preguntarnos si al día de hoy, con las nuevas armas que permiten destrucciones que van mucho más allá de los grupos combatientes, es aún lícito admitir la existencia misma de una «guerra justa».