El Congreso Mundial de Universidades Católicas prepara la JMJ

Las universidades católicas del mundo ofrecen un pensamiento fuerte

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ÁVILA, miércoles 17 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- La “apuesta por la persona”, la “misión evangelizadora” y la generación de “una nueva ciencia resultante del diálogo” son los retos actuales de las universidades católicas, concluyó el primer Congreso Mundial de Universidades Católicas.

Celebrado en Ávila del 12 al 14 de agosto, el encuentro se planteó como preparación de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), explicó el prefecto de la Congregación para la educación católica, el cardenal Zenon Grocholewski, en el discurso de apertura.

Diversos participantes del congreso asistirán al encuentro de Benedicto XVI con los profesores universitarios este viernes 19 de agosto en el monasterio de El Escorial, cerca de Madrid.

La segunda edición del congreso de universidades católicas se celebrará en 2013 en Brasil (en la Universidad Católica Pontificia de Minas Gerais de Belo Horizonte), justo antes de la próxima JMJ, que tendrá lugar en ese país.

Casi 900 personas de 40 nacionalidades participaron en el congreso, en representación de una quinta parte de las universidades católicas del mundo.

Educación integral

El texto de las conclusiones del congreso, leído en la jornada de clausura, indica que las universidades católicas deben tener como “sello distintivo” la “apuesta por la persona, tanto en su dimensión individual como social”.

“La universidad católica del siglo XXI ha de convertir en realidad el gran reto de ofrecer una educación integral e integradora en la que se promueva el deseo de ser santos a través de la defensa y promoción de valores” como el “compromiso ético y moral”, añade el documento.

En este sentido, el profesor de la Universidad de Bolonia Stefano Zamagni declaró que precisamente el verdadero secreto para un relanzamiento seguro de las universidades católicas se encuentra en ofrecer a los jóvenes un proyecto educativo válido que les prepare para afrontar el futuro con una seguridad y una esperanza mayor que las de sus compañeros que han estudiado en universidades laicas.

Según este economista, las universidades católicas han sufrido últimamente una pérdida de confianza en su capacidad porque han acabado adoptando los mismos esquemas de pensamiento y de programa que las universidades laicas.

Si quieren ser escogidas de nuevo, deben reencontrar su identidad, que consiste no sólo en una buena oferta formativa, sino también en una propuesta educativa alternativa a la de las demás universidades, dijo.

El “hombre constructor”

Además de la identidad de la universidad católica, y también en relación con ella, los debates del congreso abordaron también su misión.

Sobre esta cuestión, el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, monseñor Rino Fisichella, que intervino el sábado en el congreso, considera que las universidades católicas están llamadas a realizar una significativa contribución a la cultura y a la sociedad contemporánea.

El prelado se refirió al paso de la experiencia formativa ética y de la elaboración cultural centrada en valores éticos a una perspectiva más amplia que recupere las dimensiones éticas pero también ayude al hombre y a la sociedad actual a verse capaz de construir la sociedad.

Y señaló este “paso del hombre éticamente bueno al hombre constructor” como el gran desafío que la cultura católica y la Iglesia están llamadas a afrontar, en el que las universidades católicas tienen una función determinante.

También destacó la necesidad de que la universidad católica supere el prejuicio de la confesionalidad que a menudo ha limitado su capacidad de realizar contribuciones significativas a la cultura contemporánea.

En este sentido, el profesor Vincenzo Buonomo de la Universidad Pontificia Lateranense de Roma indicó en su intervención que la universidad católica puede realizar una importante contribución basada en los derechos humanos, sobre todo en estos tiempos de crisis.

“Nuestras universidades –dijo- están llamadas a proponer una visión de los derechos humanos como un instrumento que está contribuyendo a transformar la sociedad en una comunidad de personas a imagen de la familia”.

Pensamiento fuerte

Entre las conclusiones del congreso, se destacó también la necesidad de llevar a cabo la misión evangelizadora en las universidades católicas y responder a la petición de Benedicto XVI de “redefinir la identidad de la tarea universitaria hoy ensanchando los horizontes de la racionalidad”.

Esta idea supone “una nueva forma de entender la ciencia abierta a las preguntas y respuestas de la filosofía y la teología” y la prioridad de que las universidades se dediquen a “generar una nueva ciencia”, concluyeron los participantes.

Sobre esta cuestión, el rector de la Universidade Católica Portugesa, Manuel Braga da Cruz, indicó que “la investigación científica y la ciencia no son procesos neutrales, son procesos pilotados, orientados por valores”.

“Por ello –añadió-, tenemos un papel muy importante en hacer que la investigación tenga significado, una orientación y que, esta orientación sea el hombre, su dignidad”.

La idea de una “nueva refundación cultural” y la tarea de “repensar las ciencias” se recogieron también en las conclusiones.

En este sentido, el obispo de Ávila, monseñor Jesús García Burillo, destacó que el congreso ha buscado “en todas las universidades un pensamiento fuerte”.

Para monseñor Fisichella, la universidad, sobre todo la católica, debe dar relevancia a los fenómenos culturales, interpretarlos y sobre todo saberlos orientar con un pensamiento fuerte.

“Hoy vivimos en una situación, por desgracia, de fragmentación de la cultura”, declaró el presidente del dicasterio para la nueva evangelización ante los micrófonos de Radio Vaticano hablando sobre el congreso.

Y añadió: “Debemos actuar de manera que sobre todo la universidad y nuestras universidades sean un centro de pensamiento para superar la fragmentación y reencontrar la unidad del saber, que es la condición necesaria para reconducir –sobre todo a las nuevas generaciones- a una responsabilidad frente a sí mismas y también frente a la sociedad”.

Las universidades católicas, según monseñor Fisichella, deben ser capaces de acoger a cada persona y de humanizar, y deben destacarse, además de por la profesionalidad y la formación basada en el ser humano, por expresar la fuerza de la fe.