El derecho a la vida y a la libertad religiosa, garantías para la paz

Denuncia en su Mensaje para el 1 de enero las dramáticas violaciones

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 12 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Existen dos derechos que, si se respetan, se convierten en garantías para la paz, según Benedicto XVI: el derecho a la vida y la libertad religiosa.



Así lo explica el pontífice en el mensaje que ha escrito con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia celebrará el próximo 1 de enero de 2007 con el tema «La persona humana, corazón de la paz».

En su misiva, presentada este martes en la Oficina de Prensa de la Santa Sede por el cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, el pontífice reconoce que la ha escrito «pensando precisamente en los niños, especialmente en los que tienen su futuro comprometido por la explotación y la maldad de adultos sin escrúpulos».

«El deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados», escribe el Santo Padre

Dado que «la paz se basa en el respeto de todos», el obispo de Roma aclara que «la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de cada persona».

«En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos», aclara.

«El respeto del derecho a la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene a su entera disposición», subraya.

Por otro lado, añade, «la afirmación del derecho a la libertad religiosa pone de manifiesto la relación del ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae a la arbitrariedad del hombre mismo».

«El derecho a la vida y a la libre expresión de la propia fe en Dios no están sometidos al poder del hombre», aclara.

Al afrontar la situación actual del derecho a la vida, el pontífice denuncia «el estrago que se hace de ella en nuestra sociedad: además de las víctimas de los conflictos armados, del terrorismo y de diversas formas de violencia, hay muertes silenciosas provocadas por el hambre, el aborto, la experimentación sobre los embriones y la eutanasia».

«¿Cómo no ver en todo esto un atentado a la paz?», se pregunta el Papa. «El aborto y la experimentación sobre los embriones son una negación directa de la actitud de acogida del otro, indispensable para establecer relaciones de paz duraderas».

En la falta de libertad en la expresión de la propia fe, Benedicto XVI ve «un síntoma preocupante de falta de paz en el mundo, que se manifiesta en las dificultades que tanto los cristianos como los seguidores de otras religiones encuentran a menudo para profesar pública y libremente sus propias convicciones religiosas».

Hablando en particular de los cristianos, el mensaje pontificio denuncia «con dolor que a veces no sólo sufren impedimentos, sino que en algunos Estados son incluso perseguidos, y recientemente se han debido constatar también trágicos episodios de feroz violencia».

«Hay regímenes que imponen a todos una única religión, mientras que otros regímenes indiferentes alimentan no tanto una persecución violenta, sino un escarnio cultural sistemático respecto a las creencias religiosas», constata.

«Esto promueve necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz», concluye.