El desafío cristiano: la verdad en tiempos de relativismo; dice el Papa

Recuerda los diez años de la encíclica Veritatis splendor

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 septiembre 2003 (ZENIT.org).- En un clima de contestación y relativismo, el gran desafío de los cristianos y, en particular, de sus pastores consiste en formular juicios según la verdad, considera Juan Pablo II.



«Hoy parece cada vez más arduo para los pastores de la Iglesia, para los estudiosos, y los maestros de moral cristiana acompañar a los fieles a formular juicios según la verdad, en un clima de contestación de la verdad salvífica y de un difundido relativismo ante la ley moral», afirma.

El pontífice formula su constatación en un mensaje enviado al cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hecho público este sábado por la Sala de Prensa de la Santa Sede con motivo del simposio organizado esta semana en Roma por ese organismo vaticano sobre «La antropología de la teología moral según la encíclica Veritatis splendor».

El encuentro de obispos, teólogos, profesores... celebra los diez años de la encíclica del Papa «sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia».

Por este motivo, el obispo de Roma considera que en estos momentos es decisivo profundizar en «la relación esencial que existe entre la verdad, el bien y la libertad».

«Esta relación, no tiene sólo su fundamento ontológico en la naturaleza del ser humano, sino también en la Encarnación y es renovada y puesta de manifiesto en el acontecimiento histórico-salvífico de la cruz de nuestro Redentor», asegura.

«Más allá de todos los cambios culturales, hay realidades esenciales que no cambian, más bien encuentran su último fundamento en Cristo, que es siempre el mismo, ayer hoy y por los siglos», constata el Santo Padre.

«La referencia fundamental de la moral cristiana, por tanto, no es la cultura del hombre, sino el proyecto de Dios», recalca.

«El secreto formativo de la Iglesia consiste, por tanto, en mantener la mirada fija en el Crucifijo y en anunciar su sacrificio redentor», insiste.

«La respuesta que ofrece [la Iglesia] a la demanda de felicidad del hombre contemporáneo tiene la potencia y la sabiduría de Cristo crucificado, Verdad que se entrega por amor», concluye.