El desarrollo sostenible, una cuestión de responsabilidad y solidaridad, según la Santa Sede

Monseñor Migliore saca conclusiones éticas ante la creciente necesidad de energía

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NUEVA YORK, 4 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Para la Santa Sede la promoción de un desarrollo sostenible es una cuestión de responsabilidad y de solidaridad ante a la generación actual y las futuras.



Así lo explicó este jueves su observador permanente ante la Organización de las Naciones Unidas, el arzobispo Celestino Migliore, al tomar la palabra frente a la comisión de la asamblea general que discutió sobre «desarrollo sostenible».

«Mi delegación cree que los planes de desarrollo y las estrategias de reducción de la pobreza tienen que integrarse con la preservación del ambiente», comenzó constatando el representante del Papa en el palacio de cristal de la ONU.

«Sin una atención por el ambiente, el desarrollo no tendrá bases sólidas y sin desarrollo no habrá medios de inversión, haciendo imposible la protección del ambiente», dijo el nuncio apostólico constatando el círculo vicioso (o virtuoso) que constituye el desarrollo sostenible.

«La responsabilidad y la solidaridad, en este sentido, están tan unidas que la acción a favor del ambiente se convierte en un acto de confianza en el destino de la familia humana», aseguró.

Por este, motivo, dijo citando el primer principio de la Declaración de Río de Janeiro sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992), «los seres humanos son el centro de las preocupaciones por el desarrollo sostenible».

Las tres primeras y más graves amenazas para el desarrollo sostenible enunciadas por el prelado son los desafíos económico-sociales, «como la pobreza, las enfermedades infectivas y la degradación ambiental».

«Estas tres cuestiones constituyen en último término una amenaza para la seguridad de las generaciones presentes y futuras. La necesidad de afrontar estos desafíos en su conjunto es indispensable para un sistema de seguridad colectivo. No son amenazas independientes entre sí», advirtió.

Otra de las preocupaciones expuestas por monseñor Migliore es la pérdida de bosques, «que siguen siendo esenciales en términos de alimentación, refugio, combustible, agua y fibra para el 90% de los 1.200 millones de pobres del mundo».

El prelado propuso, por último, impulsar «las fuentes de energía renovables» y «comenzar a eliminar gradualmente los subsidios dañinos, sobre todo para el uso y el desarrollo de combustibles fósiles, e invertir en la búsqueda y en el desarrollo de productos limpios, eficaces y baratos que sustituyan a los combustibles fósiles».

«En los próximos cinco años, el mundo tendrá dramáticamente necesidad de más energía, y no de menos: es un deber frente a las generaciones futuras emprender inmediatamente este camino», concluyó.