El diálogo con el Islam desde la identidad cristiana

La figura y la obra del padre Ludovico Marracci, primer traductor del Corán al latín

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Por Rocío Lancho García

ROMA, viernes 16 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Corán y Biblia. El uso de las fuentes en P. Ludovico Marracci, es el tema del Congreso Internacional organizado por la Orden de los Clérigos Regulares de la Madre de Dios (OMD) que se celebra en Roma los días 15 y 16 de noviembre. El acto conmemora el cuarto centenario del nacimiento del padre Ludovico Marracci, que realizó la primera traducción latina del Corán en 1689, expuesto en el Congreso.

"Escuchar a Marraci significa entrar en diálogo con el Islam", afirmó el padre Francesco Petrillo, rector general de la OMD, en la apertura del congreso, subrayando la importancia de Marracci como "gran representante de su tiempo, pionero en la compresión del Corán".

“Marracci es una figura importante para la historia de la Iglesia pero también para la cultura europea” ha afirmado en su intervención Giovanni Maria Vian, director de L'Osservatore Romano. El periodista hizo un recorrido sobre el orientalismo en la tradición cristiana desde la antigüedad hasta Marraci, concluyendo que "la orientalística contemporánea se funda sobre estas bases".

A continuación, el profesor Gianluca D'Errico, del Alma Mater Studiorum de la Universidad de Bolonia, intervino para explicar el rol de Marracci en el Tribunal del Santo Oficio. "Su trabajo en la Curia estuvo marcado por la atención misionera que aprendió de san Juan Leonardi", señaló.

Para finalizar la primera jornada, Paolo Aranha, del Warburg Institute, hablóo del papel de Marracci en la Congregación de Propaganda Fide, destacando el perfil misionero unido a la labor de evangelización.

Ludovico Marracci nació en Torcigliano de Camaiore, Lucca, Italia, en 1612. Con quince años entró en los Clérigos de la Madre de Dios, fundado por san Juan Leonardi. Esta orden nace de la intuición carismática de su fundador en 1574 y se inspira en las comunidades de vida apostólica nacidas antes y después del Concilio de Trento. Marracci estudió en el colegio romano de Santa María en Campitelli donde aprendió las lenguas griega, siríaca, caldea y hebrea. En ese periodo se acercó también al árabe. Un día descubrió en un libro un folio con caracteres desconocidos. Un sacerdote maronita le explicó que se trataba de la lengua árabe. Se despertó en él el deseo de aprenderla y lo hizo sin ningún maestro: memorizó el alfabeto, aprendió la pronunciación de los levantinos que vivían en Roma y para lo demás se sirvió de la gramática.

Su primer encargo sobre la lengua árabe fue la traducción de la Biblia, que realizó en 1668 y el estudio sobre los Libros Plumbeos (planchas de plomo encontradas en 1595 en Granada, España, escritas con caracteres árabes). En 1656 fue nombrado para la cátedra de lengua árabe en la universidad La Sapienza de Roma y sucesivamente rector. Sin embargo, su obra más importante es su traducción latina del Corán, editada en Padua en 1698. Fue el primero en Europa en estudiar el texto basándose en autores árabes, en escribir una biografía imparcial de Mahoma, y en comprender la importancia de los escritos talmúdicos y rabínicos como base de creencias y ritos islámicos. El valor de esta traducción del Corán reside en el meticuloso uso de las fuentes utilizadas por Marracci y que le permitió traducir el texto coránico sin traicionar su significado original. Además, el padre Ludovico demostró una gran apertura mental al acercarse a un texto que en aquel momento estaba, en el ámbito católico, condenado y nunca se leía.

Trabajando en un clima de tensión, Marracci supo completar su trabajo con precisión científica y honestidad intelectual, dando al cristianismo una piedra angular en lo relacionado con el diálogo y el encuentro entre las culturas cristiana e islámica. Sus conocimientos no terminan en la atención filológica con la que enfoca el texto árabe, sino que además tiene en consideración todo el contexto cultural islámico.