El diálogo entre católicos y judíos se refuerza en la teología de la continuidad

Congreso en la Universidad de la Santa Cruz de Roma

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ROMA, jueves 14 junio 2012 (ZENIT.org).- Las relaciones entre judíos y católicos tomaron un cambio de dirección con el Concilio Vaticano II y con los documentos de reiteran la teología de la continuidad del cristianismo con el Antiguo Testamento, un diálogo que no tiene que uniformar, y favorecido por la amistad y la frecuentación.

Estos son algunos de los puntos del encuentro de alto nivel entre exponentes del mundo católico y judío que se realizó este miércoles 13 en esta ciudad en un clima de amistad, para hablar sobre las relaciones entre Israel y la Santa Sede en un evento del título“...y de lo fuerte nació lo dulce”.

Organizado por la Asociación Católicos Amigos de Israel, contó con la colaboración de la española Fundación Promoción Social de la cultura (FPSC) y de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz del Opus Dei, en donde se realizó en encuentro.

Entre los conferenciantes estaba el embajador de Israel ante la Santa Sede, Mordechay Lewy, que señaló cómo están las relaciones bilaterales, indicó su empeño en reducir el círculo vicioso de las polémicas entre judíos y católicos y los miedos mutuos existentes. Recordó que entre el Vaticano e Israel existen relaciones normativas, no solamente políticas sino también religiosas y espirituales. Y sobre los acuerdos concretos que esperan ser firmados consideró que estos son importantes si bien la relación bilateral es mucho más amplia.

Los otros conferenciantes fueron el obispo italiano monseñor Ambrogio Spreafico; el profesor Amnon Ramon, del Instituto de Estudios de Israel de la universidad hebrea de Jerusalén; el profesor Alberto Melloni, de la Fundación de Ciencias Religiosas Juan XXIII; el profsor Raymond Cohen del Departamento de Relaciones Internacionales de la Univesidad de Jerusalén. Moderado por el vicedirector de la revista 30 Giorni, Giovanni Cubeddu, y con las introducciones de la presidenta de la FPSC, Pilar Lara y del rector de la Universidad que hospedó el evento, profesor Luis Romera.

Entre los presentes estaba el cardenal Farina y el rabino jefe de la comunidad judía de Roma, Riccadro Segni, que agradeció el encuentro deseando que “este tipo de eventos sea difundido hacia un público más vasto” y con “una participación más comunitaria de estas temáticas, y que el próximo sea en Jerusalén”.

Monseñor Spreafico en su exposición recordó “el cambio que produjo el Concilio en las relaciones entre católicos y judíos después de una larga historia marcada por el antisemitismo”, en cuyo origen “había una enseñanza del desprecio”. Una interpretación de los datos del Nuevo Testamento que inicia ya en los primeros siglos de la era cristiana, con la acusación de deicidio que se estableció en la conciencia popular. Por lo tanto una teología que consideraba que con la venida de Jesucristo, la Antigua Alianza había sido sustituida, creando así una actitud que favoreció las persecuciones.

El documento conciliar Nostra Aetate del Vaticano II estuvo en la raíz de este cambio profundo de relaciones entre católicos y judíos, indicó el obispo, indicando un punto de no retorno visto que “el antisemitismo era un problema de mentalidad, fruto muchas veces de una educación también religiosa que presentaba a los judíos aún como el pueblo responsable de la muerte de Cristo. Además de los documentos posteriores como “Orientaciones y sugerencias para la aplicación de Nostra Aetate” en 1974 y otros documentos en 1995 y 1998. Y en el Jubileo de 2000 con “Memoria y reconciliación de la Iglesia y las culpas del pasado”, y el último de la Pontificia Comisión Bíblica “El pueblo judío y sus sagradas escrituras en la biblia cristiana”. Un diálogo – precisó – que no debe entretanto uniformar las diversidades.

La teología de la sustitución del Antiguo Testamento por el Nuevo Testamento por lo tanto hay que reinterpretarla de manera radical, y aquí hay que recordar – dijo monseñor Spreafico – también tres momentos en la unicidad de la relación: la peregrinación de Juan Pablo II a Tierra Santa en 2000, la visita de Benedicto XVI a la sinagoga de Colonia en 2005 y después a Tierra Santa y la visita a la Sinagoga de Roma.

En Nostra Aetate particularmente se subraya “el gran patrimonio espiritual común” y se “reconoce que el inicio de su fe y de su elección se encuentra, según el misterio divino de la salvación, ya en los patriarcas, en Moisés y en los profetas”. Y Juan Pablo II en Mainz, el 17 de noviembre de 1980, recordó al “pueblo judío de la Antigua Alianza, la cual nunca fue revocada”. En esta línea se ubica el reciente documento de la Pontificia Comisión Bíblica “Desde los primeros tiempos la Iglesia consideró que los judíos son testigos importantes de la economía de la salvación” y en esta perspectiva reconoce a los judíos un estatus de “hermanos mayores”.

El obispo de Frascati entretanto recuerda que “no se debe caer en el error de considerar que judíos y cristianos tienen en común el Antiguo Testamento y que la diferencia nace en el Nuevo Testamento, por lo que los judíos serían cristianos que no llegaron a serlo”. Sino que es necesario tomar la mishna, la ley oral comentada en la tradición rabínica y recogida en el talmud. Porque sin la tradición rabínica no existiría el judaismo, como sin Jesús y por lo tanto sin el Nuevo Testamento no existiría en cristianismo”.

En conclusión monseñor Spreafico recordó que el Vaticano II afirma que es indispensable para la vida de la Iglesia la relación con el judaísmo viviente y no solamente con su tradición. Y que Pío IX justamente el día después de la publicación en Italia de las leyes raciales, el 5 de septiembre de 1938, visiblemente perturbado dijo a un grupo de periodistas belgas que visitaban Castel Gandolfo: “El antisemitismo es inadmisible. Nosotros somos espiritualmente semitas”.

Y recordó que Nostra Aetate, pensada en un primer momento para las relaciones entre cristianos y judíos, se volvió después un paradigma sobre las relaciones con las otras religiones.

La idea de “una Alianza nunca anulada”, indicada por Juan Pablo II, concluyó monseñor Spreafico, “podría ayudarnos a entender mejor la relación judío-cristiana y hacerla crecer justamente evidenciando la perspectiva de la amistad” pero también algo “más que una simple idea en la cual se subraya la necesidad de una relación de estima y de respeto, sino también de mayor frecuentación”. Y reconoció que las relaciones fraternas fueron favorecidas por tantos grupos e individuos, como el de la Amistad Hebrea Cristiana y la Comunidad de San Egidio, aún antes de la existencia de relaciones diplomáticas. “Estoy convencido – concluyó – que estas relaciones tienen un valor permanente, garantía de presente y esperanza del futuro” porque “si las relaciones disminuyen los documentos no influirán en la realidad”.

Por su parte la presidenta de la Fundación Promoción Social de la Cultura, la española Pilar Lara, en sus palabras recordó que el Centro de Estudios de Oriente Medio nació en 2007 por iniciativa de ellos para crear un forum de dialogo en favor de la paz y que este seminario ha representado la continuación de una positiva relación con Israel que se inició con el embajador israelí Samuel Hadas, nacido en Argentina.