El diálogo interreligioso exige profundizar en la propia identidad

Según el secretario de la Congregación para Educación Católica

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ROMA, miércoles, 3 noviembre 2004 (ZENIT.org).- El diálogo interreligioso, lanzado por el Concilio Vaticano II, depende en buena parte de la educación de los católicos para que puedan abrirse a los creyentes de otras religiones sin perder la propia identidad, reconoce un representante vaticano.



El arzobispo Michael Miller, secretario de la Congregación vaticana para la Educación Católica, hizo un balance de la acogida de la declaración Nostra Aetate, promulgada por el Papa Pablo VI en 1965.

La ponencia de arzobispo canadiense, perteneciente de la Congregación de San Basilio, tuvo lugar en un encuentro, organizado con este motivo por el Lay Center de Roma el pasado 27 de octubre.

La declaración «Nostra Aetate» se concentra en las relaciones con los creyentes en las grandes religiones no cristianas.

El arzobispo consideró que el diálogo interreligioso forma parte de la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio, por lo que constituye un punto importante en la formación de las escuelas católicas y en particular de las universidades.

«El auténtico diálogo interreligioso debe profundizar, no diluir, la identidad específicamente católica de una institución de educación superior», afirmó el prelado.

«Es más necesario que nunca para la comunidad universitaria promover la firme convicción católica de la común vocación de la humanidad y del plan divino de salvación de Cristo», aseguró.

«Dado que una universidad católica ha nacido del corazón de la Iglesia, debería reconocer que el camino del diálogo es el camino de la Iglesia», indicó.