El diálogo teológico, indispensable paso hacia la unidad, dice el Papa

Juan Pablo II recibe a la delegación del Patriarcado de Constantinopla

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 julio 2002 (ZENIT.org).- La «delicada fase» del diálogo teológico entre Roma y Constantinopla y la necesidad de una mayor sintonía mutua para apoyar el gran objetivo de la paz. Estos han sido los temas centrales del discurso que el sábado dirigió Juan Pablo II a la delegación del Patriarcado Ortodoxo que participó en la ceremonia presidida por el Papa en la Plaza de San Pedro.



Un presente escaso en progresos ecuménicos que, sin embargo, no ahoga la confianza en el gran objetivo de la unidad futura. Es la valoración expresada por el Papa sobre el estado actual del diálogo teológico entre la Iglesia de Roma y la Ortodoxa de Constantinopla, iniciado en 1979.

Así lo escuchaba la delegación del Patriarcado que, como es habitual en la festividad de San Pedro y San Pablo, devuelve la visita de cortesía de los representantes vaticanos al Phanar, el palacio patriarcal de Estambul, en la fiesta de San Andrés que se celebra el 30 de noviembre.

«A pesar de nuestros esfuerzos –dijo el Papa a sus invitados--, este diálogo marca el paso; constatamos nuestra impotencia para superar las divisiones y encontrar en nosotros la fuerza de mirar con esperanza el porvenir». Sin embargo, añadió, «esta fase delicada no debe desanimarnos», «no podemos aceptar este estado de cosas con indiferencia» y «no podemos renunciar a continuar el diálogo teológico, indispensable paso hacia la unidad".

Un objetivo sobre el que –recordó el Pontífice--, en el curso del año, las dos familias cristianas han trabajado con dirección y voluntad común a través de iniciativas importantes, desde la Jornada de Oración en Asís hasta la reciente Declaración de Venecia sobre la salvaguarda del medio ambiente, firmada por Juan Pablo II y el patriarca Bartolomé I.

Mucho «queda aún por hacer», sobre todo con vistas al empeño por reforzar en varios puntos del planeta una paz precaria o incluso trágicamente ausente, como en el caso de Tierra Santa.

Para cambiar el mundo, dijo el Sucesor de Pedro, «hace falta que unamos las fuerzas, que estemos juntos, que actuemos juntos». Un «diálogo en la caridad» que – insistió el Pontífice -- debe apoyar y nutrir el «diálogo en la verdad», o sea, el empeño en superar los obstáculos teológicos que todavía dividen dolorosamente a las dos Iglesias.