El dilema de Bush: ¿Oír al Papa o aceptar las presiones del comercio biotecnológico?

Análisis de la primera visita del Presidente de EE.UU. a la Santa Sede

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CIUDAD DEL VATICANO, 24 julio 2001 (ZENIT.org).- Desde siempre, sobre todo en los tiempos de la guerra fría, los presidentes estadounidenses han sentido la necesidad de reconocer la autoridad moral del Papa, soberano en el mundo espiritual. Según la consejera de la Casa Blanca para la Seguridad Condoleezza Rice "para tomar ejemplo e inspiración".



Ayer, George Bush Jr. lo hizo con una postura modesta y de sencillez. Tras la audiencia, hablando a los periodistas, definió a Juan Pablo II como “un hombre extraordinario que ha tenido un profundo impacto sobre la conciencia y los sistemas políticos del mundo”. Y lamentó “el no ser bastante poético para expresar lo que significa encontrarse en su presencia”. No sólo la figura sino también su mensaje han impresionado profundamente a George Walker Bush.

Es la primera audiencia de un presidente estadounidense de la era de las nuevas fronteras de la ciencia y la biotecnología, desde el desciframiento del genoma humano a la clonación. Una era que podría abrir perspectivas extraordinarias para el tratamiento de graves enfermedades. El Pontífice recordó los problemas éticos que esto comporta, condenando, en especial, “la creación de embriones humanos, destinados a ser destruidos con el fin de investigar en células estaminales”.

Éste es el punto central ya que, para el Papa y la doctrina católica, la destrucción de embriones equivale al aborto y, por ello, debe ser prohibida. También porque no hay necesidad de crear embriones para obtener células estaminales. Pero la industria farmacéutica presiona. En un mundo en el que se vive cada vez más, quien llegue antes a lograr un tratamiento de las enfermedades más extendidas, como cáncer, males cardiovasculares, senilidad, etc, dominará el mercado y tendrá el liderazgo biotecnológico.

Al parecer, Bush habría prometido al Pontífice que no cederá a las fuertes presiones políticas y económicas.

Pero aunque su postura de oposición al uso de fetos para la investigación ya fue hecha pública durante la campaña electoral, es cierto que Bush tendrá que encontrar un “arreglo”, también porque una parte de su partido no comparte su postura.

Sin embargo, su opinión ante la defensa de la vida es clara en cuanto a la protección de la vida que nace. Ya ha demostrado que es antiabortista y sensible al voto católico en Estados Unidos. Pero del Congreso llegan signos favorables a que se autorice la experimentación en fetos, aunque se haga con rígidos controles.

El Presidente aseguró a los periodistas que “tomará en consideración las palabras del Papa”. Y añadió: “La cuestión de fondo es equilibrar el respeto a la vida con la promesa de la ciencia y la esperanza de salvar a seres humanos condenados”.

Sobre el tema de la globalización, el Papa propuso más solidaridad y mayor compromiso para ayudar a los pobres. Bush se mostró de acuerdo en coherencia con una política en la que haya más intercambios comerciales, más libre circulación de capitales, menos antitrust, etc.

Sobre la pena de muerte, el Papa pide una total revisión de la política estadounidense. También en este caso Bush se ha mostrado atento pero, al menos en este momento, parece difícil convencer a los estadounidenses.

Por lo que se sabe, no se afrontó el tema del riesgo de una nueva carrera armamentista con el llamado “escudo espacial” estadounidense. Sin embargo un día después del éxito del test de este escudo, logrado con el abatimiento de un misil de pruebas, L’Osservatore Romano era uno de los pocos diarios nacionales atento al hecho, con dos reportajes en primera página, aunque sin pronunciamientos.

Más problemática es la postura de los obispos estadounidenses, los cuales, sobre temas cono las células estaminales, el escudo espacial y el Protocolo de Kioto, parecen tener posiciones muy definidas y críticas frente a Bush.