El domingo y la nueva evangelización de América

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Por Gilberto Hernández García

MÉXICO, jueves 18 de febrero de 2010 (ZENIT.orgEl Observador)  Hace cinco años, durante la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, se hablaba con preocupación “del porcentaje tan bajo –salvo pocas excepciones– de gente que participa en la misa dominical en Latinoamérica.

Sin embargo, lo que más inquietaba –y sigue inquietando– a los obispos era la difusión de una mentalidad, una cultura, que tiende a desacralizar el domingo. Los obispos latinoamericanos hablaban de una “disolución” del sentido del domingo y de su fundamental importancia para la vida cristiana.

El tema del encuentro citado fue “La misa dominical, centro de la vida cristiana en América Latina”, como un tópico de capital importancia para el futuro de la Iglesia en el continente.

Y es que ya Juan Pablo II había exhortado a pastores y fieles mediante la carta apostólica Novo millennio ineunte, a comprometerse con toda su fuerza en recuperar y custodiar la centralidad del domingo en la vida cristiana, afirmando, además, que “la participación en la Eucaristía debe ser el corazón del domingo”.

México: “creyentes no practicantes”

México, el segundo país con mayor cantidad de católicos, después de Brasil, no queda exento de esa situación de baja asistencia a la Misa dominical. Según los datos del último censo general de población (realizado en 2005, toca ahora en 2010 hacer el nuevo censo), los que profesan la fe católica representarían el 88% de la población nacional.

Aunque se hable de que México es un país en franca diversidad religiosa, es innegable que la raíz de la fe católica sigue viva y continua dando identidad al pueblo mexicano. Sin embargo son muchos los que se consideran “creyentes no practicantes”. ¿De qué se trata? ¿Es posible creer sin tener una práctica, por mínima que sea, que vaya en consonancia con eso que se cree?

Algunos estudios estadísticos dan cuenta de esta realidad que, de entrada, resulta paradójica. Según el estudio “Valores y actitudes de los católicos”, realizado por la empresa Bimsa, encargado por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) y hecho público en el año 2006, sólo el 38% de los católicos, en el índice de religiosidad, se consideran de “alta religiosidad”.

Este índice se obtiene de tres variables: la importancia de la religión en la vida, la frecuencia de participación en servicios religiosos y el número de veces que reza a la semana.

Sorprenden los contrastes en las respuestas dadas en el ejercicio estadístico. Mientras que la gran mayoría de católicos mexicanos (84 de cada 100) dice que su religión es “muy importante” para ellos, a la hora de hacerla visible mediante la asistencia a la Eucaristía, considerada la práctica más evidente del catolicismo, menos del 40% asiste a la misa dominical. Sin embargo, esto que parecería un “buen puntaje” resulta engañoso.

Veamos los datos concretos a la pregunta: “En el último mes, en promedio, ¿con qué frecuencia asistió a servicios religiosos?”. Las respuestas fueron: “Una vez por semana”, 25; “Sólo en ocasiones especiales”, 25; “Nunca o casi nunca”, 19; “Más de una vez por semana” 14; “Una vez al mes”, 14; y “No sabe o no contestó”, 2.

Como podrá apreciarse los datos se refieren a “servicios religiosos”, que sin bien por lo general se identifica con la Santa Misa, pueden ser otros como el rosario, una celebración de la palabra u otro acto devocional.

Además al señalar la asistencia a ese servicio religioso se indican la veces: a la semana o al mes, pero no indica necesariamente que esa ocasión haya sido un domingo.

¿Cómo hacer…?

Como es de suponer, tener datos fidedignos sobre la asistencia a la Eucaristía dominical es difícil; sin embargo es notorio que hay una baja sensible, aunque no se perciba de igual manera en las diversas regiones del país. La cuestión de fondo en esta realidad es: ¿por qué muchos católicos no asisten a Misa?

En aquella reunión de la Pontificia Comisión para América Latina que referimos al principio, el cardenal Giovanni Re, decía: “Domingo a domingo, la asistencia a la misa se va convirtiendo en una excelente escuela de vida cristiana y una fuente inacabable de luz y de fuerza para vencer al mal con el bien. Pero, ¿cómo hacer para que la gente vaya a misa el domingo?”

La pregunta aun sigue en el aire.